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Un accidente puede terminar en segundos, pero el miedo puede permanecer durante meses o incluso años. Después de atravesar una situación traumática, algunas personas sienten que el peligro puede aparecer en cualquier momento y que la vida cotidiana ya no es un lugar seguro.
El miedo y la incertidumbre quedan concentrados en ese momento. Pero para quien lo vive, la experiencia puede continuar mucho después de que termine. “En 2022, tuve un accidente de auto junto a mi mejor amiga. Fue un accidente muy fuerte en el que lo único que escuche por mucho tiempo después era “por lo que vi, es un milagro que estén vivas”. Sin embargo, yo no pude sentir ese alivio”, cuenta Clara, al tiempo que agrega “En ese momento solo podía pensar en las peores cosas que podían llegar a pasar. Las dos sobrevivimos, pero para mí, el accidente no terminó ese día”. Además cuenta: “Durante mucho tiempo después sentí el miedo de vivir y que cualquier situación podía convertirse, en mi cabeza, en una amenaza. Si subía a un auto pensaba que podía chocar, si estaba en la calle, podía imaginar que otro vehículo podría lastimarme” como si estuviera viviendo nuevamente aquel triste episodio, explica: “La sensación era que el peligro estaba constantemente cerca y que en cualquier momento podía llegar a mi”.
Ese miedo puede aparecer después de experiencias traumáticas porque el cerebro aprende a mantenerse alerta frente a un peligro que en su momento fue real. Aunque la situación ya no exista, determinados lugares, sonidos o situaciones pueden funcionar como recordatorios y volver a activar esa sensación de amenaza. Entonces lo que antes parecía normal y cotidiano, comienza a sentirse peligroso.
Hablar de estas experiencias también permite entender que el miedo después de un trauma no es una exageración ni una falta de fortaleza de uno mismo, que es lo que la mayoría puede pensar. Cada persona procesa lo ocurrido de una manera diferente y puede necesitar distintos tiempos y herramientas para recuperar la sensación de seguridad y bienestar cotidiano hasta que se sienta seguro. “Hay gente que puede llegar a ser más sensible que otra a una experiencia traumática y sufrir efectos a largo plazo, que se manifiestan, por ejemplo, en «reviviscencias, pesadillas, y pensamientos negativos» que interfieren con su vida diaria, indica Joelle Rabow Maletis, educadora y asesora en psicología. Afrontarlo puede implicar hablar sobre lo sucedido, apoyarse en personas de confianza y buscar ayuda de profesionales. No se trata de olvidar el accidente y fingir que nunca pasó, sino de poder recordar lo vivido sin sentir que aquello está sucediendo nuevamente.
En definitiva, todos sabemos que un accidente puede cambiar una vida incluso cuando termina con todos sus protagonistas sobreviviendo. Pero sobrevivir también puede dejar heridas que no se ven o que pensas que lo superaste y luego vuelven a aparecer, tanto el miedo como la hipervigilancia y la sensación de que el peligro puede surgir en cualquier momento. “Con el tiempo entendí que haber pasado ese escenario traumático no significa que tenga que vivir esperando que vuelva a suceder. El accidente forma parte de una historia, pero no tiene por qué decidir cómo vivir el resto de la vida”, concluye Clara. Hablar del trauma también es una forma de empezar a atravesarlo y entender que sobrevivir no es volver a ser como uno era antes del accidente sino que es aprender, poco a poco, a volver a sentirse seguro estando vivo y llevarlo como una experiencia de tu vida.