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Matías y Pedro son dos jóvenes estudiantes que llaman la atención por su actitud aspiracional en una sociedad conformista. Ambos de 22 años, ocupan su tiempo extracurricular en fabricar un karting completamente desde cero. Lo llamativo, no es solo el proyecto en sí sino su motivación y perseverancia al llevarlo a cabo.
La idea inicial fue de Pedro, estudiante de Diseño Industrial en la Universidad de Buenos Aires y fanático del mundo automovilístico, como un método de aprendizaje económico, rápido y fácil. Acudió a Matías, organizador de eventos, en búsqueda de apoyo, quien rápidamente se involucró y comprometió con el proyecto. Ambos afirman que el desafío más grande fue aprender sobre la marcha. “Nuestros amigos nos dicen que no saben como hacer y yo les digo: yo tampoco, pero lo estoy haciendo.” expresa Matías . Tuvieron la intención de sujetarse a su plan inicial pero las expectativas de fácil y rápido no tardaron en disolverse: “Mamita querida… ¿Qué desafíos no encontramos?», reflexiona Pedro. Lograron mantenerlo económico, y eso los obligó a no optar por el camino fácil de comprar lo que necesitaban sino, buscar la solución entre los materiales y herramientas con los que ya contaban. Fue un proceso de prueba y error constante, donde, más de una vez, se encontraron en la situación de desarmar y rearmar trabajo que había llevado días. Puede parecer desmotivante, pero afirman que “El objetivo siempre es ir para adelante, más o menos motivados” .
Se trata de una trayectoria que, a pesar de las adversidades, los ayudó a abrir los ojos y darse cuenta de cuestiones que los incitan a aspirar por mucho más. Pedro afirma: “Como lo estamos haciendo para aprender, no podemos conformarnos. Tenemos que ir por más. más y más”. Este proyecto abrió un mundo de posibilidades para ambos ya que: “Si hay hambre de conseguirlo, no tengo dudas de que vas a conseguirlo”, Pedro.
Así, el trabajo se convirtió en algo mucho más allá de un mero proyecto. Fue para ellos una clara evidencia de que todo lo que se propongan tiene el potencial de volverse realidad en cuanto haya en uno suficiente fervor por alcanzarlo. Buscando crecer en sus habilidades manuales, descubrieron el poder de su voluntad, en este sentido ambos sostienen: “Podemos hacer lo que queramos: empezamos sin saber soldar, él empezó sin saber cortar. Hicimos cosas que aprendíamos sobre marcha. Hay que empezar sin saber«. Gracias a querer adentrarse en el mundo automovilístico, descubrieron algo que va mucho más allá de cualquier karting que se propongan fabricar y que va a acompañarlos de por vida, en cualquier proyecto personal o profesional.
¿Cuántas veces las personas dejamos proyectos de lado solo porque la lista de contras parece interminable? ¿Cuántas veces no hacemos lo que nos gusta por falta de tiempo o de recursos? ¿Cuántas veces nos estancamos creyendo que lo que soñamos no es para nosotros? Este testimonio de Matías y Pedro, nos incita a seguir esas inspiraciones que a veces parecen demasiado lejanas o locas de pensar porque ¿Qué hubiese sido de ellos hoy si este proyecto quedaba solo en sus mentes?
“Es una de las sensaciones más lindas que uno puede tener, crear algo”, dice Pedro. Hoy son conscientes de que un karting existe gracias a ellos, y como este, muchas otras cosas se vuelven posibles y alcanzables, pero siempre y cuando, haya un profundo deseo de conseguirlo. “Siempre va a ser más difícil de lo que uno piensa. Tenés que quererlo muchísimo, estar obsesionado y dispuesto a darlo todo”, agrega Pedro.
Otro factor que no queda atrás es la compañía, ninguno de los dos duda que sin el otro el proyecto no hubiese sido posible: “Yo siento que funcionamos bien, más allá de trabajar en equipo somos mejores amigos hace mucho tiempo. Podemos llevar a la par amistad y trabajo. no hay un día que no nos estemos riendo, a veces no puedo salir de la frustración y viene el y me ayuda”, sostiene Matías. Resaltan el valor de tener a quien mirar cuando las cosas salen muy bien o muy mal. No solo entre ellos, sino abriendo las puertas del taller a amigos y familia, priorizando el tiempo y compartir conocimientos antes que la velocidad de la realización del proyecto. “Nos hacemos un huequito para que aprendan y puedan estar en la misma situación que nosotros y ser uno más”, declara Matías.

La roca sobre donde se construyó el proyecto no fue un fin de lucro sino la búsqueda de aprendizaje y desarrollo de habilidades. En conclusión, gracias a motivos desinteresados, esta trayectoria resultó sumamente enriquecedora y comunitaria. Nos inspira a no dejar de lado nuestros proyectos, sino encararlos confiando en que pueden llevarnos a lugares más lejos de los que podamos imaginar. La trayectoria del proyecto puede encontrarse documentada en el canal de YouTube: ITV Garage.