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Llegar a casa después de un parcial, dejar la mochila y encontrarse con un perro esperando del otro lado de la puerta. Para muchos estudiantes, esa escena forma parte de la rutina. Pero detrás de los paseos, los juegos y la compañía podría existir algo más: un vínculo capaz de aportar bienestar en una etapa marcada por cambios y nuevas responsabilidades.
En una investigación realizada en Reino Unido se entrevistó a ocho estudiantes universitarios que tenían o habían tenido perros y encontró cinco aspectos relacionados con su bienestar; la creación de rutinas, la mejora del estado de ánimo, el fortalecimiento de vínculos sociales, el amor incondicional y la valoración positiva de la experiencia a pesar de sus dificultades. Uno de los beneficios señalados es la rutina. Alimentar al perro, sacarlo a pasear o simplemente ocuparse de sus necesidades son responsabilidades que requieren organización.
Uno de los beneficios señalados es la rutina. Alimentar al perro, sacarlo a pasear o simplemente ocuparse de sus necesidades son responsabilidades que requieren organización. En medio de horarios cambiantes y jornadas de estudio, estas tareas pueden funcionar como una estructura cotidiana y obligar a hacer una pausa.
También aparece el estrés. Los estudiantes entrevistados describieron los momentos compartidos con sus perros como instancias de relajación y desconexión de las preocupaciones. Otras investigaciones realizadas con estudiantes también encontraron una relación entre la tenencia de mascotas y el estrés académico, aunque no permiten afirmar que tener un animal sea, por sí solo, la causa de menores niveles de estrés.
También aparece el estrés. Los estudiantes entrevistados describieron los momentos compartidos con sus perros como instancias de relajación y desconexión de las preocupaciones. Otras investigaciones realizadas con estudiantes también encontraron una relación entre la tenencia de mascotas y el estrés académico, aunque no permiten afirmar que tener un animal sea, por sí solo, la causa de menores niveles de estrés.
La soledad es otro de los aspectos que puede cambiar. Mudarse, vivir solo o pasar muchas horas estudiando puede generar sensación de aislamiento. En estos casos, un perro ofrece una presencia constante y una compañía que forma parte de la vida cotidiana.
Pero la misma también tiene una dimensión emocional. Los estudiantes entrevistados describieron el vínculo con sus perros como una fuente de afecto constante, especialmente en momentos difíciles. Esa presencia cotidiana, basada en un vínculo que no depende del rendimiento académico ni de las obligaciones, puede generar una sensación de acompañamiento y pertenencia.
La soledad no desaparece únicamente al compartir la vida con una mascota. Los paseos, las plazas y las actividades vinculadas al cuidado pueden convertirse en oportunidades para conocer personas y generar nuevos vínculos. Así, el perro puede funcionar como un pequeño puente hacia la vida social.
Pero convivir con un animal también implica responsabilidad. Hay gastos, cuidados, tiempo y compromisos que no desaparecen frente a un parcial o una entrega. Por eso, un perro no es una solución automática contra el estrés o la soledad, sino un vínculo que requiere reciprocidad.