La inteligencia artificial en la universidad, ¿herramienta de estudio o atajo?

Las herramientas de inteligencia artificial (IA) generativa ya forman parte de la vida universitaria. ChatGPT, Gemini y Claude son algunas de las plataformas que los estudiantes utilizan para estudiar, buscar información, resumir textos y organizar trabajos. Su presencia abre nuevas posibilidades, pero también plantea preguntas sobre el aprendizaje y la responsabilidad académica.

Por: Alexia Bellmann estudiante de 4° de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación

A fines de 2022, OpenAI lanzó ChatGPT, una herramienta capaz de mantener conversaciones y generar respuestas a partir de las indicaciones de los usuarios. Su aparición marcó un punto de inflexión en la popularización de la IA generativa y rápidamente comenzó a incorporarse en distintos ámbitos, entre ellos el educativo.

Con el tiempo, surgieron otras alternativas. Claude, desarrollado por Anthropic, y Gemini por Google, se sumaron a un mercado que continúa creciendo y ofreciendo nuevas herramientas. Aunque presentan diferencias en sus funciones y características, las tres pueden utilizarse para tareas como explicar conceptos, resumir textos, organizar información, generar ideas o revisar escritos.

Estudiantes universitarios utilizando herramientas de IA en el aula.

En Argentina, el uso educativo de estas herramientas ya está extendido. Una investigación publicada en 2025 por la Universidad de Buenos Aires analizó las experiencias de estudiantes de grado y posgrado y encontró que los usos generales y educativos de ChatGPT se encuentran ampliamente difundidos, especialmente entre quienes estudian o trabajan.

Para los estudiantes, la IA puede convertirse en un recurso complementario. Consultar una herramienta para comprender un concepto complejo, encontrar otra manera de explicar un tema o recibir ayuda para organizar las primeras ideas de un trabajo puede facilitar el proceso de aprendizaje. Sin embargo, la situación cambia cuando la IA reemplaza por completo la tarea que debería realizar el estudiante.

Uno de los principales debates se relaciona con la autoría y la integridad académica. Presentar como propio un texto generado por esta herramienta sin revisarlo ni comprenderlo puede afectar el objetivo de una actividad universitaria. La UNESCO advierte sobre estos desafíos y plantea la necesidad de establecer criterios que permitan aprovechar las posibilidades de la IA sin perder de vista el pensamiento crítico, la creatividad y la autonomía de los estudiantes.

Otro aspecto a tener en cuenta es la información que proporcionan estas herramientas. Sus respuestas pueden parecer correctas y estar redactadas con seguridad, pero también pueden contener errores. Por eso, contrastar los datos, consultar fuentes confiables y revisar el contenido continúa siendo una tarea fundamental.

En este contexto, conocer herramientas como ChatGPT, Gemini y Claude también puede formar parte de la preparación profesional. La diferencia entre una herramienta de estudio y un atajo no depende únicamente de la plataforma utilizada, sino del lugar que ocupa dentro del proceso. Emplear la IA para complementar el aprendizaje puede abrir nuevas posibilidades, mientras que, delegar en ella una tarea completa puede dejar de lado capacidades que la universidad busca desarrollar, como investigar, escribir, analizar y construir una mirada propia.

En definitiva, la discusión universitaria ya no pasa por decidir si la IA va a formar parte de la educación. Esa realidad ya está instalada. El desafío consiste en aprender a utilizarla sin que se convierta en un reemplazo del proceso de aprendizaje.