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“Darle voz a los que no tienen voz”. Esa frase de Nínawa Daher se convirtió, con el paso de los años, en una de las principales guías de la Fundación que lleva su nombre. Para Alicia Daher, su madre, continuar con ese legado significa trabajar por la dignidad de las personas y generar herramientas concretas para quienes muchas veces encuentran obstáculos allí donde deberían encontrar autonomía.
La Fundación Nínawa Daher por una Vida Digna nació después de la muerte de la periodista, pero su propósito, explica Alicia, permanece ligado a las causas que ella defendió durante su vida: la solidaridad, la ética, los valores, la familia, la defensa de la vida y la preocupación por quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad. “Para mí, la Fundación es levantar el guante de lo que dejó Nínawa”, resume.
Los primeros pasos de la Fundación estuvieron vinculados a diferentes iniciativas. Entre ellas, el acompañamiento a una institución para personas con discapacidad y a una escuelita de fútbol de la que participaban alrededor de 35 chicos. Con el tiempo, ese trabajo comenzó a ampliarse. Alicia cuenta que la organización se involucró con distintas discapacidades hasta que surgió una pregunta que cambiaría el rumbo de sus proyectos: ¿por qué no hacerlo también con personas ciegas?
Así nació una de las iniciativas que se convertiría en una de las principales líneas de trabajo de la Fundación: Arte para Ciegos, un proyecto que busca acercar el patrimonio cultural a personas con discapacidad visual mediante recursos accesibles. La propuesta comenzó hace doce años, cuando Alicia se acercó a varios museos con una idea concreta: realizar reproducciones en 3D de obras artísticas para que pudieran ser reconocidas mediante el tacto.

Uno de los primeros espacios en recibir la iniciativa fue el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Con el tiempo, este lugar se convirtió, según Alicia, en una referencia en materia de accesibilidad y hoy cuenta con una sala de exposición permanente destinada a personas ciegas, con réplicas tridimensionales de obras.
El trabajo también llegó a otros espacios culturales, entre ellos el Museo de la Cárcova de la Universidad Nacional de las Artes (UNA), el Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori y el Museo Nacional de Bellas Artes. En cada uno de estos espacios, los recursos accesibles permitieron que las personas con discapacidad visual pudieran acercarse a las obras de una manera diferente, a través del tacto, las texturas y las autodescripciones. Pero la propuesta no quedó reducida a esos lugares.
Una de las herramientas desarrolladas por la Fundación son los planos hápticos, diseñados para que las personas con discapacidad visual puedan orientarse. Incorporan elementos como braille, colores, diferentes texturas y relieves, además de un código QR con audiodescripciones. La institución también donó decenas de estos planos en distintos espacios públicos de la Ciudad de Buenos Aires. La iniciativa llegó incluso a lugares de culto. Desarrollaron recursos accesibles para santuarios como la Basílica de Luján, el de San Nicolás, el de Guadalupe de Santa Fe y el de la Virgen del Valle de Catamarca.
La elección de estos espacios tampoco fue casual. Alicia explica que las personas ciegas concurren habitualmente a iglesias y santuarios, pero muchas veces se encuentran allí con dificultades para desplazarse de manera independiente. “Llegan a un lugar y están perdidos”, explica. Por eso, la incorporación de herramientas que les permitan conocer el espacio representa mucho más que una mejora en la experiencia: significa ganar autonomía. “Para ellos es como la libertad”, afirma.

Esa sensación aparece también en uno de los testimonios que más recuerda. Durante una actividad con reproducciones accesibles, una mujer ciega reconoció mediante el tacto una pieza inspirada en El beso, de Auguste Rodin, y expresó: “Hoy vi mejor que nunca”. Para Alicia esa frase es encontrar otras maneras de acceder a aquello que suele presentarse sólo a través de la mirada.
La tecnología ocupa un lugar central en estos proyectos. Las impresoras 3D permiten crear reproducciones de objetos, personas, obras y animales que pueden ser reconocidos mediante el tacto. La Fundación realizó, por ejemplo, figuras como Diego Maradona y Lionel Messi. La misma herramienta también fue utilizada para acercar el mundo animal de las personas con discapacidad visual. La Fundación donó reproducciones tridimensionales de animales a espacios como Temaikén y Ecoparque. La idea surgió de una observación sencilla: una persona ciega puede escuchar los sonidos de los seres vivos, percibir sus olores y conocer el entorno, pero no siempre puede saber cómo son físicamente. Estos modelos permiten incorporar el tacto a esa experiencia.
Con el crecimiento de estas iniciativas, el nombre de Nínawa Daher comenzó a quedar asociado al trabajo para facilitar el acceso de las personas con discapacidad visual. Alicia cuenta que la Fundación realizó donaciones de recursos adaptados en distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires, entre ellos Recoleta, Palermo, el Planetario, Puerto Madero y el Casco Histórico.
También hay un espacio especialmente significativo para la familia: el Rosedal de Palermo, lugar al que Nínawa solía ir a leer. Allí, la Comuna 14 realizó distintos homenajes a la periodista. Uno de los bancos del paseo lleva su nombre y detrás se encuentra un cantero de rosas que también la recuerda. A partir de una propuesta de Alicia, las flores fueron elegidas por su perfume, con la intención de generar un espacio que pudiera ser disfrutado por personas ciegas.
El homenaje se extendió además a la Plaza Sicilia, donde fue colocada una estrella amarilla en memoria del legado de Nínawa y se plantó un jacarandá acompañado por tutores intervenidos de manera artística por jóvenes, adolescentes y niños con autismo. La intervención sumó una dimensión colectiva al recuerdo y vinculó la memoria con la inclusión.
Para Alicia, que Nínawa sea recordada de esta manera tiene un significado especial. Pero el reconocimiento que considera más importante es otro: que el recuerdo de su hija sea relacionado con la inclusión. “Es un honor”, sostiene Alicia.

La tarea de la Fundación también está atravesada por una concepción del periodismo que Nínawa defendió durante su carrera. “Yo dedico mi profesión a darle voz a los que no tienen voz”, decía. Para Alicia, esa frase funciona como un hilo conductor que atraviesa tanto su trabajo profesional como las iniciativas de la Fundación. “Un periodismo que no le da voz a los que no tienen voz es un periodismo que no sirve para nada”, recuerda. La frase se extiende, para ella, a las personas con discapacidad, a quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad y a todos aquellos que encuentran dificultades para hacerse escuchar.
La inclusión aparece, entonces, como una forma concreta de defender esa dignidad. Un museo que puede ser recorrido de manera autónoma, una obra de arte que puede ser reconocida mediante el tacto, un santuario que puede ser comprendido a través de un plano háptico o un animal que puede ser descubierto por medio de una reproducción tridimensional son maneras de ampliar el acceso y la participación. “Respetar la dignidad de la persona me parece fundamental”, afirma Alicia. Esa idea está presente desde el nombre mismo de la organización: Fundación Nínawa Daher por una Vida Digna.
A más de una década de su creación, el legado de la periodista continúa así no sólo en el recurso, también en espacios concretos. En museos, plazas, santuarios y parques, la Fundación busca que la inclusión deje de ser una declaración y se convierta en una experiencia posible. Para Alicia, esa es la manera de continuar el camino que Nínawa había comenzado: dar voz, abrir puertas y defender la dignidad de quienes muchas veces encuentran obstáculos para acceder a ellas.
Voy a repartir mis alas para todos.
Quiero que el mundo vuele con mi energía.
Aquel que no tenga alas, que las tenga pronto; y aquel que ya huele, que me haga compañía.
Quiero dar mi amor hacia todos.
Llenar corazones de alegrías.
Quiero colmar tristeza y dibujar sonrisas.
¿Podré ser yo todo eso?
¿Podré yo entregar mi vida?
Quien dice, tal vez ya lo esté haciendo…
Nínawa Daher (03/10/1979 – 09/01/2011).