El impacto de las redes sociales en la salud mental de los jóvenes.

Las redes sociales dejaron de ser simplemente una forma de comunicarse. Hoy son, para gran parte de los jóvenes, el lugar donde se informan, se entretienen, comparten momentos de su vida y hasta construyen su identidad. Pero ese mismo espacio que conecta también expone: la comparación constante, la necesidad de aprobación y la presión por mostrar una vida que muchas veces no tiene nada que ver con la realidad.

Por: Jazmin Hanna Gracia estudiante de 4° de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación
Imagen representativa del impacto mental de las redes en jóvenes. (Gentileza: Juana Celeste).

No hay una sola mirada sobre el tema. Distintos especialistas coinciden en que las redes representan tanto una oportunidad como un riesgo. UNICEF, por ejemplo, sostiene que estos espacios favorecen la conexión, la creatividad y el aprendizaje, aunque advierte que también pueden exponer a los adolescentes a situaciones que afectan su bienestar emocional, como la comparación permanente, el ciberacoso y la sobreexposición.

El problema aparece cuando el uso de las redes empieza a desplazar aspectos esenciales para un desarrollo saludable: dormir bien, poder concentrarse, sostener vínculos reales. Pero eso no significa que la relación entre los jóvenes y las redes sociales tenga que ser necesariamente negativa. Sigue siendo un medio que acerca el aprendizaje a miles de chicos, que en muchos casos los ayuda a integrarse socialmente, a compartir opiniones y a expresarse a quienes tal vez no se animarían a hacerlo cara a cara.

Para profundizar en estos efectos, se entrevistó a Valentina Antonucci, psicóloga especializada en jóvenes y salud mental, quien planteó algunos de los principales desafíos que enfrenta esta generación en el entorno digital.

Consultada sobre si la comparación constante afecta la autoestima, la especialista fue contundente: «Sí, claro, sobre todo en la actualidad». Explicó que antes las personas con las que uno podía compararse eran el vecino, la amiga de la mamá, algún famoso que aparecía en la tele. Hoy, en cambio, hay acceso a la vida de millones de personas que viven realidades totalmente distintas, con contextos abismalmente diferentes a los propios. Retomó una definición de autoestima que la marcó: es la distancia entre el yo ideal -la mejor versión que uno imagina de sí mismo- y el yo actual, la percepción que se tiene hoy. Si esa distancia se agranda tanto como pasa en las redes, la autoestima baja se vuelve casi inevitable.

Esa dinámica también se ve reflejada en el consultorio. Según relató Antonucci, muchos pacientes tienen dificultad para reconocer las herramientas, los recursos y las soluciones que ya tienen, y en cambio se enfocan en lo que carecen. Aclaró que sentir que algo falta es parte de la condición humana, habló de una falta estructural pero que el problema aparece cuando esa percepción de falta crece tanto que empieza a generar sufrimiento real.

Sobre por qué afectan las vidas perfectas que se muestran en redes, aún sabiendo que son una realidad editada, la psicóloga lo relacionó con esa misma lógica. “Si alguien pudo llegar a eso, uno siente que también debería poder”, explicó la especialista al tiempo que agregó una lectura más profunda: “existe cierta pulsión de muerte que hace que, en algún punto, castigarse genere placer, y eso alimenta el diálogo interno destructivo”.

Finalmente, sobre si las redes generan problemas de salud mental o simplemente potencian dificultades que ya existían, Antonucci fue clara: “los problemas de salud mental son siempre multicausales, nunca se les puede atribuir una sola razón”. Señaló que en ciertos tipos de personalidades el impacto es mayor, especialmente en jóvenes y adolescentes. Antes, instituciones como el colegio, la familia, el estado o la iglesia representaban una autoridad, una guía, un lugar desde el cual identificarse. Hoy esas instituciones perdieron ese lugar, y el espacio que dejaron libre lo ocupa cualquier influencer que aparece en la pantalla. La necesidad de identificarse con algo que guíe la identidad en la juventud es inevitable, y por eso se terminan idealizando referentes que muchas veces no aportan nada real a la vida de quien los sigue, aunque tampoco haya claridad sobre con qué otra cosa identificarse.