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Detrás de una empresa familiar hay mucho más que un negocio. Hay una historia, decisiones que marcaron el camino y generaciones que fueron construyendo una identidad. Ramiro Sturla trabaja en Sturla Viajes, una empresa vinculada al turismo en la que el apellido también representa una historia compartida. Ser parte de ese recorrido implica conocer el valor de lo construido, asumir nuevas responsabilidades y encontrar la manera de proyectar el legado hacia el futuro.
-¿Qué significa para vos trabajar en una empresa familiar?
-Tiene algo muy particular, porque no lo vivís solamente como un trabajo. Hay una historia detrás, personas que dedicaron mucho tiempo y esfuerzo a construir lo que hoy existe. Eso genera un sentido de pertenencia diferente y también una responsabilidad, la de cuidar lo que se hizo, pero sin dejar de pensar en cómo seguir creciendo.
-¿Cómo se encuentra el equilibrio entre respetar lo que ya está construido y animarse a cambiar?
-Creo que la clave está en entender qué cosas forman parte de la identidad de la empresa y cuáles pueden evolucionar. No todo lo que funcionó en el pasado necesariamente va a funcionar de la misma manera en el futuro, pero tampoco se trata de cambiar por cambiar. Hay que conocer la historia, aprender de quienes estuvieron antes y, desde ahí, encontrar nuevas oportunidades.
-¿Qué crees que hace que una empresa familiar pueda mantenerse en el tiempo?
-Además del trabajo y la dedicación, creo que es fundamental poder adaptarse. Los mercados cambian, los clientes cambian y las formas de trabajar también. Tener una historia es importante, pero no alcanza por sí sola.
-Si tuvieras que definir qué significa para vos continuar un legado, ¿con qué te quedarías?
-Uno recibe algo que otras personas construyeron con mucho esfuerzo y tiene la posibilidad de hacerlo crecer. No se trata solo de conservarlo, sino de entender su valor y encontrar la forma de llevarlo hacia adelante. El desafío es que el legado siga vivo, pero que también pueda transformarse con el tiempo.