“QUE DEFIENDAN LAS MALVINAS TODO EL AÑO”

El combatiente Roberto Gerpe compartió con estudiantes su experiencia durante y después de la Guerra de Malvinas. El encuentro se llevó a cabo en el Campus Pilar y en él se abordaron las condiciones de vida en el conflicto, las secuelas de la posguerra y la importancia de la memoria, a más de cuatro décadas del enfrentamiento.

En la imagen, Roberto Andrés Gerpe con redacción Asterisco Pilar

Tenía apenas 18 años cuando ingresó a la colimba, tras intentarlo en reiteradas ocasiones. Su destino fue la sala de máquinas de un portaaviones, un lugar tan técnico como exigente. “Uno lo ve como una experiencia, pero en ese momento era algo que había que afrontar, con o sin miedo”, recordó Gerpe. Durante meses no volvió a su casa ni vio a sus padres. Sobre la instrucción inicial, de 45 días, confesó: “no se lo deseo a nadie”.

Entre finales de 1981 y comienzos de 1982, zarpó sin saber con certeza hacia dónde se dirigía. La información era escasa, reservada, casi inexistente. Recién en mayo comprendieron la magnitud de lo que ocurría. “La guerra —comentó— deja cicatrices difíciles de borrar”. En su relato aparecieron compañeros mutilados, otros que no lograron sobrellevar la posguerra, incluso uno que se quitó la vida. Cada recuerdo parecía reconstruirse como un mecanismo frágil, pieza por pieza. La rutina en el barco tampoco ofrecía tregua. Las guardias de ocho horas en la sala de máquinas se combinaban con apenas cuatro horas de descanso, que debían repartirse entre comer, higienizarse y dormir. “Terminabas detonado”, sintetizó. Con el correr de los días, la comida comenzó a escasear, el desgaste físico se volvió evidente. Aquella vida contrastaba con el inicio, cuando aún había cierta estabilidad.

Sin embargo, la guerra no terminó con el cese al fuego. Para Gerpe, lo más difícil vino después. Al regresar, los veteranos fueron estigmatizados. “Éramos los loquitos de la guerra”, recordó sobre la mirada social de la época. Conseguir trabajo era casi imposible, incluso al mencionar su condición de excombatiente. Vivió de changas y del apoyo familiar hasta que, en 1992, una pensión estatal comenzó a darles cierto reconocimiento. A partir de allí, los veteranos se organizaron, reclamaron derechos y buscaron reconstruir una identidad colectiva que había sido negada.

A lo largo del encuentro, también hubo espacio para reflexionar sobre el presente. Gerpe insistió en la importancia de la memoria y del compromiso de las nuevas generaciones. “Que defiendan las Malvinas todo el año, no solo el 2 de abril”, pidió. Para él, no se trata solo de un territorio, sino de una causa que involucra historia, soberanía y también ecursos. Su postura, sin embargo, es clara: la recuperación debe darse a través de la diplomacia, nunca de la guerra.

Cuando recordó el momento en que se enteraron del cese al fuego, la imagen de la bandera argentina arriándose para dar lugar a la británica sigue siendo, aún hoy, una de las más dolorosas. “No hubo ganadores”, remarcó, diferenciando el fin de la guerra guerra de una verdadera victoria. El cierre del encuentro dejó una sensación compartida entre los estudiantes: Malvinas no es un tema del pasado.

“A mí me sacás la causa Malvinas y me sacás todo”, dijo Gerpe, sintetizando en una frase la dimensión que ocupa en su vida. Al dirigirse a los jóvenes, dejó una última certeza: el futuro de esa causa y de su memoria está en sus manos.

En el Cenotafio de Pilar…

El Municipio de Pilar celebró a los Héroes de Malvinas con un acto homenaje en el Cenotafio “Monumento a Malvinas”. Contó con la presencia de los integrantes de la Asociación de Veteranos de Guerra de Pilar, sus familias, autoridades y más de 50 escuelas de los tres niveles educativos. Roberto Gerpe, presidente de la Asociación, dió un discurso que luego siguió con unas palabras alusivas del Intendente. Se entregaron reconocimientos a los Veteranos junto con una procesión hasta la réplica del Cementerio de Darwin que se encuentra en el Cenotafio.

  • Por Santiago Talavera Nuñez, Milagros Leo, Camila Ledesma y Fiorella De Gaudenzi.