«No se olviden de Cabezas»

Una fotografía, un empresario que no quería ser visto y un asesinato que conmocionó a toda la Argentina. El caso de José Luis Cabezas se convirtió en uno de los crímenes más emblemáticos de la democracia.

Por: Filomena Graciano estudiante de 4° de la Licenciatura en Relaciones Públicas
“No se olviden de Cabezas” (Perfil).

Pinamar, 25 de enero de 1997

José Luis Cabezas, fotógrafo de la revista Noticias, tenía 35 años. Aquella noche había asistido a una fiesta en Pinamar. Luego, emprendió el regreso, pero no llegó a destino. Fue interceptado y secuestrado. Horas después, su cuerpo apareció en General Madariaga. Estaba esposado, había recibido dos disparos en la cabeza y su automóvil había sido incendiado. Pero para entender el crimen hay que retroceder un año, hay que volver a una fotografía.

En 1995, el ministro de Economía Domingo Cavallo había denunciado al empresario Alfredo Yabrán, dueño de un vasto imperio de empresas de correo, logística, transporte y seguridad, operadas en muchos casos a través de testaferros, a quien vinculó con una estructura mafiosa y con poderosos vínculos políticos y judiciales. Yabrán evitaba ser fotografiado y su rostro era prácticamente desconocido.

En el verano de 1996, Cabezas consiguió fotografiarlo caminando junto a su esposa por las playas de Pinamar. La imagen fue publicada en la tapa de Noticias y convirtió al empresario en una figura públicamente reconocible.

Después de aquella imagen, Cabezas recibió amenazas tanto en la redacción de Noticias como en su domicilio particular. Pero la fotografía fue mucho más que una tapa: puso a Cabezas en el centro de una historia que terminaría en tragedia. El 25 de enero de 1997 fue la última noche de su vida.

El crimen

Según la reconstrucción oficial, Cabezas fue secuestrado por integrantes de un grupo conocido como “Los Horneros”, con participación de miembros de la Policía Bonaerense. Fue trasladado hasta una cava de General Madariaga, donde Gustavo Prellezo le disparó dos veces en la cabeza. Luego, colocaron su cuerpo dentro de su automóvil y lo incendiaron.

La investigación comenzó a revelar una trama que involucraba delincuentes, policías y personas vinculadas al entorno de Yabrán, y se lo vinculó al empresario como posible instigador, pero nunca fue condenado por el asesinato.

En 1998, mientras la investigación avanzaba sobre su posible responsabilidad, Yabrán se suicidó en una estancia de Entre Ríos. Su muerte dejó una pregunta sin respuesta judicial definitiva: ¿Quién ordenó matar a José Luis Cabezas?

En el año 2000, nueve personas fueron condenadas por distintos niveles de participación en el asesinato. Con el paso de los años, varias de esas condenas fueron confirmadas por tribunales superiores, incluyendo penas de prisión perpetua. Pero el caso trascendió la justicia.

Periodistas, fotógrafos y ciudadanos salieron a las calles bajo una consigna que se convertiría en símbolo de la lucha por la libertad de expresión: “No se olviden de Cabezas”. En 1997, el Congreso estableció el 25 de enero como Día Nacional del Reportero Gráfico, en memoria del fotógrafo.

José Luis Cabezas murió haciendo su trabajo: fotografiando aquello que otros querían mantener oculto. Su cámara consiguió mostrar el rostro de un hombre que evitaba ser fotografiado. Su asesinato mostró, de una manera todavía más brutal, hasta dónde podía llegar el poder.

Hoy, casi tres décadas después del crimen, todavía quedan preguntas que alimentan teorías y especulaciones. Una de las más conocidas sostiene que Alfredo Yabrán nunca se suicidó y que su muerte fue, en realidad, una puesta en escena para desaparecer. ¿Y si realmente logró escapar? ¿Y si aquel cuerpo no era el suyo? Quizás nunca sepamos. O, al menos, no por ahora.