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Hay un descenso de la presencia de los jóvenes en las formas espirituales tradicionales, que generan gran inquietud en las generaciones adultas pero, ¿los jóvenes realmente no creen en nada?

Desde los últimos años hemos visto como la juventud actual cada vez esta más alejada de las religiones tradicionales- Catolicismo, Evangelismo, Judaísmo, Islam- hacia una espiritualidad más autodefinida. Se observa un aumento en los jóvenes que creen en Dios o en una fuerza superior pero no forman parte de ninguna denominación religiosa o grupo.
En nuestro país y en los principales países católicos ha habido un descenso en la participación de los jóvenes en grupos religiosos vinculados a los escándalos y abusos de la iglesia. Estos hechos han generado en las nuevas generaciones un sentimiento de rechazo hacia las instituciones y un crecimiento en la espiritualidad individual. El joven adulto actual se encuentra en un mundo de constante cambio, en donde la violencia y la guerra están presentes en nuestra cotidianidad virtual. En este parámetro de lejanía-cercana con las problemáticas sociales y políticas, surgen las dudas existenciales y espirituales. Con esto y la creciente falta de confianza en las instituciones, se vuelve lógico que las entidades religiosas vayan por el mismo lado.
Cada vez se puede ver con más frecuencia como las personas de las nuevas generaciones están dejando de poner sus creencias en religiones para atribuir la espiritualidad al ser mismo, su bienestar interior, la autoestima, las energías, entre otras formas. Dicho en otras palabras, se observa un abandono de las religiones tradicionales por el crecimiento de la individualidad. El joven actual ya no quiere vincularse a religiones que les digan cómo hacer las cosas. También podemos ver un aumento de jóvenes que creen en ciertas cuestiones de las religiones tradicionales pero que las mezclan con nuevas creencias espirituales como el tarot o las energías. A esto se lo llama “espiritualidad a la carta”, en donde no se toma todo lo que hace a una religión, sino que se toman las cosas que ayudan a tu propio punto de vista. Se ha visto un gran crecimiento en estas nuevas maneras de creer que para las generaciones adultas son algo desconocido o impensado.
En conclusión, no es que los jóvenes ya no creen en nada, sino que han cambiado la manera de creer. La individualidad ha generado gran impacto en la fe de los jóvenes y se han acercado cada vez más a nuevas maneras de entender la espiritualidad. Hay una falta de confianza en las instituciones que influye en el alejamiento de los jóvenes. Los grupos religiosos deberían generar nuevas maneras de acercarse a la juventud y generar un clima de contención que genere cercanía a la vez que trate de brindar respuesta a las inquietudes espirituales de esta nueva generación.