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Quizás llegaste el primer día sin conocer a nadie, con nervios por empezar una etapa completamente nueva. Sin embargo, con el paso de las semanas empezaste a reconocer las mismas caras en el aula, intercambiaste apuntes, preguntaste alguna fecha de entrega por el grupo de WhatsApp o compartiste un café antes de entrar a clase. Sin darte cuenta, esos pequeños momentos fueron construyendo relaciones que hoy forman parte de tu vida universitaria.
Tener amigos en la facultad hace que todo sea un poco más fácil. Siempre hay alguien que te pasa los apuntes si faltaste, que te recuerda una fecha importante o que te ayuda a entender ese tema que parecía imposible. Los grupos de estudio no solo sirven para preparar un examen: también son un espacio para apoyarse, motivarse y compartir la ansiedad que generan los parciales y las entregas.
Pero las amistades universitarias no se construyen únicamente dentro del aula. Muchas nacen mientras esperan al profesor, durante un recreo, en la biblioteca, en una cafetería o incluso caminando por los pasillos después de una clase. Son esos momentos cotidianos los que terminan creando recuerdos que probablemente se mantengan mucho después de recibir el título.
Para conocer distintas experiencias, hablamos con estudiantes de diferentes carreras. La mayoría coincidió en que sus amigos fueron fundamentales para atravesar los desafíos de la vida universitaria. Algunos contaron que comenzaron hablando por un trabajo práctico y hoy se consideran inseparables; otros destacaron que compartir la cursada hizo que las largas jornadas de estudio fueran mucho más llevaderas. Después de todo, la facultad no solo nos prepara para una profesión: también nos regala amistades que, muchas veces, duran para toda la vida.
Aunque después de recibirse cada uno siga un camino diferente, muchas de esas amistades continúan con el tiempo. Algunas personas se transforman en futuros colegas de trabajo, otras en socios, en tanto que otras simplemente son recordadas por haber compartido una de las etapas más importantes de la vida.
Porque, al final, cuando recordemos nuestro paso por la facultad, seguramente no solo pensaremos en los exámenes aprobados o en las materias cursadas. También vamos a recordar las risas antes de entrar a clase, las horas compartidas estudiando, los festejos después de un parcial difícil y a esas personas que hicieron que el camino fuera mucho más fácil de recorrer.