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Para comprender el impacto que esta dinámica tiene en nuestra salud mental y en nuestra vida cotidiana, hablamos con Gisela Schild, psicóloga, quien explica que la dificultad para disponer de tiempo libre sin sentir culpa está estrechamente relacionada con los valores que predominan en nuestra sociedad.
Según Schild, se instaló socialmente una concepción del ciudadano exitoso vinculada al rendimiento y la productividad. Bajo esta lógica, existen determinados objetivos que deben cumplirse y, en contraposición, el descanso y el tiempo libre parecen alejarse de esa idea de éxito.
La exigencia constante no queda únicamente en el plano psicológico. Schild señala que hemos naturalizado niveles elevados de estrés que mantienen al organismo en un estado permanente de alerta.
“Hoy muchos médicos están pidiendo pruebas de cortisol en los estudios de sangre y los resultados están siendo altísimos”, afirma. En este contexto, sostiene que el cuerpo está sometido a una exigencia constante: “Creo que hay algo que está sucediendo más allá de las variables mentales y emocionales. Hay algo orgánico donde al cuerpo realmente le cuesta el descanso”, sostiene.
La psicóloga explica que actualmente existe una dificultad para encontrar un ritmo equilibrado: o el cuerpo permanece en alerta o llega al agotamiento, no hay un balance. Esta situación se relaciona también con el ritmo acelerado de la vida cotidiana y con la necesidad de realizar múltiples actividades simultáneamente.
El fenómeno del multitasking -hacer varias cosas a la vez- y la dificultad para postergar o simplemente detenerse son, para Schild, parte de una problemática mayor. “Hay algo del ritmo que es, para mí, una gran cuestión de psicología que tendríamos que empezar a trabajar y situar, porque la aceleración es letal y está siendo radical”, explica la psicóloga.
En esta búsqueda constante de productividad aparecen también los objetivos y proyectos como motores de la vida cotidiana. Tener un objetivo que alcanzar nos permite avanzar, pero ¿qué ocurre cuando esa búsqueda pierde sentido?
Schild plantea que muchas veces los objetivos terminan desconectando a las personas de sus propias necesidades. El hacer se convierte en el centro de la vida y, cuando aquello que se hace deja de tener un sentido profundo, aparece el vacío. La psicóloga sostiene que parte de los niveles actuales de angustia pueden comprenderse desde esta lógica. La presión y la exigencia terminan manifestándose de diferentes maneras y el cuerpo adquiere un papel central.
Uno de los principales problemas de esta lógica es la asociación entre productividad y valor personal. Estar ocupados suele interpretarse como una señal de éxito, ambición y propósito, mientras que disponer de tiempo libre puede ser visto como falta de iniciativa o incluso como una pérdida de tiempo.
“Asociamos el estar ocupados con el valor personal porque, justamente, la persona que está ocupada es exitosa, sabe lo que quiere y tiene un sentido. Evaluamos a las personas por lo que hacen o por sus ocupaciones, y no por quiénes son”, explica Gisela. Para ella, esta mirada termina desplazando el valor del ser y genera juicios hacia quienes eligen otros ritmos de vida, trabajan menos o priorizan su bienestar por encima de la productividad constante, señala la psicóloga.
Frente a una sociedad que constantemente impulsa a producir, alcanzar objetivos y mantenerse ocupados, recuperar el valor del descanso parece ser una necesidad cada vez más urgente. Para Schild, incorporar el descanso y el ocio como parte de la vida cotidiana permite recuperar el equilibrio. No se trata simplemente de detenerse cuando ya no queda energía, sino de reconocer el descanso como una dimensión necesaria del bienestar. “Creo que es clave, es poder entender que frente a esta desproporción, la mirada y el objetivo del descanso y el ocio es necesaria, vital y urgente”.
Quizás el verdadero desafío no sea aprender a hacer más, sino aprender a detenernos sin sentir que estamos perdiendo el tiempo. En una época donde el rendimiento parece definir quiénes somos, recuperar el espacio para descansar también puede ser una forma de volver a encontrarnos con aquello que existe más allá de lo que hacemos.