La expresión a través de la danza

 La danza transforma el movimiento en una forma de comunicación capaz de transmitir emociones, pensamientos y experiencias, sin necesidad de decir una sola palabra.

Por: Mia Sanchez Cores estudiante de 3° de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación
Todo sobre la danza de todos los tiempos. (Google imagen).

Hay muchas cosas que son difíciles de explicar. Una emoción, un recuerdo, una angustia o incluso una alegría pueden no tener las palabras exactas para ser expresadas. Sin embargo, el cuerpo muchas veces encuentra otra manera de hablar, a través de la danza. Cada movimiento y cada pausa pueden convertirse en un mensaje que comunica eso que no puede contarse con palabras.

Bailar no es solamente mover el cuerpo al ritmo de una melodía. Es vivir en él, escucharlo y permitir que encuentre su propia manera de expresarse. En ese momento, deja de ser únicamente un sequel ego con músculos y articulaciones; se convierte en un lenguaje. Cuando una persona baila, se produce una especie de desconexión con el mundo exterior. Por unos minutos, las preocupaciones, responsabilidades y aquello que sucede alrededor parecen quedar en un segundo plano. Nadie te obliga a explicar lo que te pasa, simplemente se siente. 

Para muchos bailarines, ese momento es un espacio de libertad donde no existen los prejuicios, expectativas o la presión, sos simplemente vos. Además, la danza no es solo para uno mismo sino también para el que está del otro lado viendo ya que lo que genera un bailarín puede llegarle al otro y hacerle sentir distintas emociones porque cada uno lo vive de una forma distinta.Miles de personas, pueden bailar brillantemente pero sólo unas pocas pueden expresar el lenguaje de la danza”, nos cuenta la bailarina, maestra y pionera del Modern Jazz en Argentina, Noemí Coelho. 

Por eso, la danza puede sentirse como un mundo aparte. Porque durante un momento las palabras dejan de ser necesarias y el cuerpo toma su lugar. Bailar es comunicar, pero también escucharse, liberarse y sentir. A veces, eso  que no podemos decir encuentra en el movimiento la forma más sincera de ser contado.