LA CULTURA DEL CONSUMO EN ESTADOS UNIDOS

Si hay algo que caracteriza a Estados Unidos es su cultura consumista. Uno tiende a pensar que esto pasa por el hecho de que, al tener una mejor economía, la gente tiene más plata y es, consecuentemente, más libre, lo que lleva a que compre y consuma más. Pero esto no es así.

Por: Clara Trevisan estudiante de 3° de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación
Cliente en el sector de juguetería de un supermercado. (Associated Press).

A principios del siglo XX, la industria estadounidense empezó a enfrentarse a un problema nuevo: podía producir mucho más rápido de lo que la población necesitaba comprar. Durante los años 20, incluso, comenzó a crecer entre empresarios y economistas el temor de que esa enorme capacidad de producción terminara generando una crisis permanente de sobreproducción. Según un articulo publicado en The MIT Press Reader, el periodista Higgs sostiene que la cultura del ahorro, que se había mantenido durante generaciones, empezó a ser puesta en jaque por esta nueva realidad. Para mantener las fábricas funcionando, los líderes industriales necesitaban que las personas quisieran comprar cada vez más.

Cambio cultural: El materialismo

El cambio no fue solamente económico. También fue cultural. Poco a poco, consumir empezó a significar algo más que satisfacer una necesidad. Los objetos comenzaron a representar éxito, comodidad y hasta una determinada forma de vida.

Todo ello es una consecuencia lógica para lo que la cultura estadounidense plantea. Somos seres humanos, y siempre vamos a querer más cuando sabemos que hay más. También entra en juego la comparación y la competencia. Si una persona tiene más que otra, la que tenga menos va a querer tener más, y por lo tanto va a hacer todo lo posible para conseguirlo. Esto termina volviéndose un círculo vicioso.

La reacción: minimalismo y la búsqueda de experiencias

Como respuesta al agobio de acumular objetos, surgieron alternativas en el Siglo XXI. El minimalismo propuso reducir el desorden material para ganar tranquilidad mental. Además, apareció el experiencialismo: priorizar los viajes, la gastronomía o los eventos por encima de los bienes materiales.

Sin embargo, esta nueva tendencia también trajo sus propias tensiones a la vez que trajo consecuencias similares a las del materialismo. La presión por acumular experiencias y la tentación de tener que exhibirlas en plataformas digitales, terminó generando la misma ansiedad que la búsqueda incesante de objetos materiales.

Al final, la mayoría quedamos atrapados en el medio: no somos minimalistas extremos, pero nos pesa acumular materiales innecesarios. Eso no es todo: cuando intentamos cambiar los objetos por experiencias, caemos en la misma, queremos tener mas vivencias o experiencias del mismo modo que en el pasado buscábamos acumular objetos.

Quizá el verdadero desafío no sea decidir si gastamos en una remera o en un pasaje, sino ser conscientes de hacia donde estamos corriendo. ¿Vale la pena obsesionarse por ambas?