Guerra de la Información: cuando controlar un relato es una forma de poder

Hoy, las guerras ya no se libran sólo con armas, también ocurren en los medios de comunicación y las redes sociales, a través de imágenes que llegan a nuestras pantallas.

Por: Martina Schiavi estudiante de 3° de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación

Durante el conflicto se decide qué información se muestra, cuál se oculta y quién tiene el derecho a contar su historia como forma de manipulación y poder. Afganistán es un claro ejemplo de la comun

Periodista afgana con el rostro y cuerpo cubiertos. (Foto: Committee to Protect Journalists).

icación como una herramienta de poder y manipulación, pero también de resistencia.

La propaganda no es nada nuevo. A lo largo de la historia, los gobiernos y grupos políticos la han usado para influir en la percepción de la realidad y conflictos del público, construir enemigos y justificar determinadas acciones. Sin embargo, con el auge de las redes sociales, la velocidad y el alcance, estas estrategias fueron creciendo cada vez aun más, hoy una imagen o un video puede llegar a millones de personas en cuestión de minutos.

En este contexto la Guerra de la Información va más allá de la difusión de información falsa. Implica el control de la narrativa: elegir qué acontecimientos van a recibir atención y cuáles no, y contar cuáles son las perspectivas desde dónde se van a narrar. Es de esta manera que la información se convierte así en un espacio para la disputa de poder.

El regreso del régimen talibán a Afganistán en 2021 demuestra esta lógica con claridad. Desde su llegada al poder, el gobierno ha impuesto numerosas restricciones sobre los medios de comunicación y la participación de las mujeres en los espacios públicos. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), los fundamentalistas han buscado tener a los medios bajo su control y prohibir contenidos que cuestionen su sistema y no se alineen con su interpretación de los valores islámicos.

Pero la consecuencia ya no solo es qué noticias se dejan de difundir, sino también ahora quiénes las publican. Desde la vuelta de los talibanes, el 80% de las mujeres periodistas perdieron su puesto de trabajo, mientras que aquellas que siguen activas se enfrentan a fuertes restricciones, vigilancia y diferentes formas de intimidación.

La censura puede ser muy visible: prohibir una noticia o cerrar un medio. Sin embargo, también puede ser silenciosa cuando una periodista se tiene que tapar la cara, una mujer no puede hablar durante emisión de radio o se limita mostrar la imagen de personas. Es una forma de modificar la manera en la que una sociedad ve la realidad y como se representa a ella misma.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) declaró que la nueva legislación introducida por los talibanes en 2024 prohibió la representación de personas y restringió la participación de mujeres en la radio. En otras palabras, no mostrar también comunica. La ausencia de una persona en una pantalla puede transmitir que ya no tiene lugar en el espacio público.

Sin embargo, controlar los medios no significa controlar a todas las voces. Frente a las restricciones del régimen, varias periodistas y organizaciones de mujeres encontraron distintas formas de comunicar. Las redes sociales, las plataformas digitales y los noticieros transmitidos desde el exterior se transformaron en los espacios donde se comparte información, educación y testimonios.

Por eso, durante los conflictos contemporáneos es importante defender la libertad de expresión, y el acceso a diversos medios de comunicación, no es sólo una cuestión periodística, también es una forma de defender los derechos que tienen las personas de construir su propia realidad.