El miedo a crecer: Cuando el futuro deja de ser tan lejano

Elegir una carrera, buscar el primer trabajo o pensar en independizarse son decisiones que aparecen cada vez más temprano. Para muchos jóvenes, la adultez ya no es una idea lejana, sino una realidad que genera entusiasmo, dudas y, muchas veces, miedo.

Por: Filomena Graciano, estudiante de 4° de la Licenciatura en Relaciones Públicas

A lo largo de la infancia, crecer parece un deseo constante. Ser grande significa tener más libertad, tomar decisiones y construir un proyecto propio. Sin embargo, esa imagen cambia cuando los años avanzan y las responsabilidades empiezan a hacerse presentes. Lo que antes parecía un objetivo ahora es también incertidumbre.

Para quienes transitan la universidad, el futuro se vuelve más cercano. Las conversaciones dejan de girar únicamente alrededor de los exámenes o las vacaciones. Empiezan a aparecer preguntas sobre el trabajo, la experiencia laboral y los planes a largo plazo. El famoso “¿qué vas a hacer cuando te recibas?” deja de ser una pregunta casual y se convierte en una preocupación frecuente.

La presión también llega desde el entorno. En las redes sociales es habitual encontrar historias de personas que, con poco más de veinte años, ya emprendieron un negocio, viajaron por el mundo o consiguieron el empleo de sus sueños. Comparar esos logros con la propia realidad puede generar la sensación de estar llegando tarde, incluso cuando cada camino tiene tiempos diferentes.

Crecer implica asumir nuevas responsabilidades y enfrentar situaciones desconocidas. También significa descubrir intereses, cambiar de opinión y aceptar que no todas las decisiones son definitivas. La adultez no llega con un manual de instrucciones.

En este proceso, la universidad ocupa un lugar clave. Además de brindar herramientas académicas, se vuelve un espacio donde los estudiantes desarrollan vínculos, aprenden a resolver problemas y comienzan a definir su identidad profesional. Cada materia aprobada y cada experiencia compartida forman parte de ese crecimiento que muchas veces pasa desapercibido.

El miedo a crecer no necesariamente es una señal de debilidad. En muchos casos, refleja la importancia que tiene el futuro para quienes están construyendo su camino. La incertidumbre seguirá existiendo, pero aprender a convivir con ella también forma parte de convertirse en adulto. Después de todo, crecer no significa tener todas las respuestas, sino animarse a seguir buscando.