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El celular se convirtió en una herramienta difícil de separar de la vida cotidiana. Se utiliza para estudiar, comunicarse, trabajar, entretenerse y organizar las actividades del día. El problema aparece cuando esa conexión se vuelve permanente y resulta complicado pasar algunos minutos sin revisar una notificación, responder un mensaje o entrar a una red social.
En el ámbito universitario, las pantallas tienen además un doble papel. Una computadora puede ser necesaria para leer bibliografía, escribir un trabajo o asistir a una clase virtual, mientras que el celular puede convertirse en una fuente constante de interrupciones. Una notificación durante el estudio puede parecer insignificante, pero consultar el dispositivo repetidamente puede fragmentar una sesión de concentración.
La evidencia científica también comenzó a estudiar esta relación. Una revisión sistemática y metaanalísistica publicada en 2026 analizó 72 estudios con más de 71.000 estudiantes universitarios y encontró asociaciones entre un mayor tiempo frente a pantallas y problemas como peor calidad del sueño, fatiga visual, estrés y menor rendimiento académico. Sin embargo, los autores aclaran que gran parte de las investigaciones disponibles son observacionales, por lo que no permiten afirmar que estos dispositivos sean por sí solos la causa de esos problemas.
El descanso es uno de los aspectos que más aparece en las investigaciones. Una investigación de 2025 que reunió 21 estudios y más de 548.000 participantes encontró que cada hora adicional de exposición diaria se asociaba con una reducción aproximada de entre tres y cinco minutos de sueño. También encontró una relación con acostarse más tarde y mayores dificultades para conciliar el sueño.
Sin embargo, no todo depende de la cantidad de horas frente a una pantalla. El momento del día en que se la utiliza también influye. Una revisión sistemática publicada en 2026 encontró que el contacto con dispositivos estaba relacionado con acostarse más tarde, aunque las asociaciones con otros indicadores del sueño eran pequeñas o no significativas. El efecto era más marcado cuando la actividad ocurría después de acostarse.
Por eso, desconectar no necesariamente significa abandonar la tecnología durante horas. Algunas estrategias consisten en establecer momentos del día sin celular, silenciar las notificaciones mientras se estudia, dejar el teléfono lejos de la cama o utilizar aplicaciones que permitan limitar determinadas redes sociales. También puede ser útil diferenciar entre el tiempo de pantalla necesario para estudiar y aquel destinado al entretenimiento.
Otra alternativa es recuperar actividades que no dependan de un dispositivo. Leer en papel, salir a caminar, hacer ejercicio, conversar cara a cara o simplemente pasar un rato sin estímulos digitales pueden funcionar como momentos de descanso. Un análisis de 2026 sobre estudiantes universitarios encontró que combinar más actividad física con menos tiempo de pantalla se asociaba con mejores patrones de sueño y salud mental.
La discusión, entonces, no pasa por eliminar las pantallas de la vida cotidiana. La tecnología forma parte del estudio, el trabajo y la comunicación, y resulta difícil imaginar la vida universitaria sin ella. El desafío está en recuperar el control sobre cuándo y para qué se recurre a estos dispositivos.
Desconectar puede ser, en ese sentido, otra forma de organizar el tiempo. No se trata de permanecer menos conectado por obligación, sino de poder elegir cuándo mirar una pantalla y cuándo dejarla de lado para estudiar, descansar o simplemente estar presente.