Casarse joven: ¿locura, riesgo o una elección contracorriente?

Cada vez menos personas deciden dar el “sí” antes de los 30 años. ¿Cambió el amor, cambiaron las prioridades o fue la sociedad la que se transformó?

Por: Clara Trevisan estudiante de 3° de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación
Celebración de casamiento y enlace matrimonial. (Definicio.de).

Durante décadas, casarse alrededor de los 20 años no solo era lo habitual, sino el hito definitivo que marcaba el paso a la vida adulta, hasta diría que era lo esperado. En familias más tradicionales si llegabas a una determinada edad y no estabas casado, empezabas a ser el protagonista principal ante las miradas de los adultos. Hoy, cada vez estamos más lejos de eso. Las estadísticas globales muestran una tendencia clara: el matrimonio antes de los 30 se volvió una excepción más que la tradición que solía ser. De acuerdo con los datos de la División de Población de las Naciones Unidas y la OCDE, la edad media al casarse por primera vez ya ronda los 32 años para las mujeres y supera los 34 para los hombres en los países desarrollados. Ante esta realidad, surgen preguntas inevitables: Quienes se casan jóvenes, ¿están cometiendo un riesgo precipitado o simplemente eligen un camino distinto al de la mayoría?

El cambio de prioridades y la carrera individual

A diferencia del pasado, donde el matrimonio era el punto de partida de la vida adulta, hoy la prioridad radica en la formación, la carrera y la estabilidad personal. Casarse pasó de ser el primer paso a una meta secundaria, evaluada solo tras alcanzar los logros individuales. Esto nos lleva a reflexionar: ¿nos volvimos más egoístas al postergar al otro por nuestros propios proyectos, o simplemente nos aterra el compromiso para siempre?

La evolución del concepto de amor y convivencia

El amor no desapareció, pero cambió de forma. La convivencia previa al matrimonio dejó de ser un tabú para convertirse en la norma, casi que hasta una prueba para los noviazgos. Compartir techo antes del compromiso legal o religioso es una decisión lógica para justamente probar la compatibilidad sin la presión formal ni económica de un divorcio en caso de no funcionar. Resulta extraño tener que “probar” a la pareja previo a el compromiso para siempre. Las pruebas no las debemos poner nosotros mismos para ver cómo reacciona el otro, sino más bien, dejar que ellas lleguen y juntos afrontarlas. ¿Por qué poner a prueba a la pareja para ver si funciona o no? ¿Qué va a pasar cuando llegue un momento difícil? Si no funciona, ¿me voy? ¿Dónde está entonces el amor para toda la vida?

Qué pasa con los que sí se animan a apostar por el matrimonio

A veces parece que la mirada de afuera es dura y cae el habitual prejuicio de pensar en que por casarnos nos perdemos de disfrutar la vida. Pero en realidad, crecer y madurar a la par a los 26 no tiene nada de inmadurez; al contrario, es una muestra enorme de la valentía. Habla de dos personas que están tan seguras de lo que sienten que eligen estar para el otro en las buenas y las malas, pero juntos y para toda la vida.