¿Qué significa ser un “Siervo de Dios”? La historia del uruguayo cuya vida de fe y servicio llevó a la Iglesia Católica a abrir su causa de canonización.

Ser un “Siervo de Dios” no significa ser santo. Es el nombre que recibe una persona cuando la Iglesia Católica inicia formalmente una investigación sobre su vida y sus virtudes, como primer paso de un camino que podría llevar a la canonización. Ese es el caso de Salvador García Pintos, un médico, padre de familia, docente, periodista y político uruguayo.

Por: Delfina Zaurin García Pintos estudiante de 4° de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación
Salvador García Pintos. (ACI Prensa).

Nacido en Montevideo en 1891, García Pintos quedó huérfano a muy corta edad y fue recibido en los Talleres Don Bosco. Durante su juventud pensó en convertirse en sacerdote e incluso estudió Filosofía y Teología en Europa. Sin embargo, descubrió que su vocación estaba en otro lugar: regresó a Uruguay, estudió Medicina y formó una familia junto a María Esther Baracco, con quien tuvo siete hijos.

Su vida de fe se desarrolló en distintos ámbitos. Fue médico, docente y legislador, presidió instituciones vinculadas a la Iglesia y participó activamente en la vida pública de su país. También fue periodista y estuvo detrás de la creación de Radio Sarandí, una de las primeras radios católicas de Uruguay. Para quienes impulsan su causa, su servicio no estuvo separado de su vida cotidiana: buscó vivir sus convicciones desde su profesión, su familia y su compromiso con los demás.

En 2018, la Iglesia Católica de Montevideo abrió oficialmente su causa de canonización y García Pintos pasó a ser reconocido como “Siervo de Dios”. Desde entonces, se comenzó a recopilar documentación y testimonios para estudiar si vivió las virtudes cristianas de manera heroica.

El proceso no implica que ya haya sido declarado santo. Después de esta etapa, la Iglesia debe evaluar la documentación y, si corresponde, podría declararlo venerable. Más adelante, serían necesarios milagros atribuidos a su intercesión para avanzar hacia la beatificación y, eventualmente, la canonización.

En 2026, la etapa diocesana llegó a su cierre y el proceso pasó a una nueva instancia en Roma, donde la documentación será analizada por la Santa Sede.

La historia de García Pintos plantea así una pregunta que va más allá de una posible canonización: ¿qué significa poner la fe al servicio de los demás? Su vida muestra una forma de entender el servicio cristiano que no se limitó a un espacio religioso, sino que atravesó la familia, el trabajo, la profesión y la vida pública.