Más que una dieta: las dificultades de vivir con celiaquía

Comer afuera parece una actividad cotidiana y sencilla, pero para una persona con celiaquía puede implicar una serie de cuidados que muchas veces pasan desapercibidos. Restaurantes, cumpleaños, reuniones de trabajo o salidas con amigos pueden convertirse en situaciones donde elegir qué comer requiere planificación, preguntas y, muchas veces, explicaciones.

Por: Delfina Zaurin García Pintos estudiante de 4° de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación
Alimentos libre de gluten. (Lugones Editorial).

El principal desafío no está únicamente en encontrar alimentos sin gluten. Para que una comida sea segura, también es necesario evitar la contaminación cruzada durante su preparación, manipulación y servicio. Una opción que parece apta puede dejar de serlo si entra en contacto con utensilios, superficies o alimentos que contienen gluten.

A esta dificultad se suma el desconocimiento. Preguntas como “¿no podés comer aunque sea un poquito?” o “¿tan grave es?” muestran que todavía existe confusión sobre qué significa vivir con celiaquía. No se trata de una elección, una moda ni una preferencia alimentaria. Para quienes tienen la enfermedad, evitar el gluten es una necesidad.

La comida también cumple un papel social. Compartir una pizza, brindar en un cumpleaños o simplemente sentarse a comer con otros son momentos que forman parte de la vida cotidiana. Cuando no existen opciones seguras, la persona con celiaquía puede terminar llevando su propia comida, preguntando constantemente qué puede consumir o directamente quedando fuera de la experiencia.

Por eso, hablar de celiaquía también implica hablar de inclusión. La responsabilidad no debería recaer únicamente en quien tiene la enfermedad. Restaurantes, organizadores de eventos y espacios de encuentro pueden contribuir ofreciendo información clara, capacitando a su personal y comprendiendo que una opción “sin gluten” debe ser realmente segura.

También es necesario que la sociedad conozca más sobre la celiaquía. Entender por qué una persona pregunta cómo fue preparado un alimento, por qué no puede compartir determinados utensilios o por qué necesita una alternativa específica puede evitar situaciones incómodas y, sobre todo, ayudar a construir espacios más accesibles.

La inclusión no significa simplemente ofrecer un plato diferente, sino permitir que todas las personas puedan participar de esos momentos sin tener que sentirse una excepción. Porque comer también es compartir, encontrarse y formar parte.

Comer diferente no debería significar quedar afuera de la mesa.