Leer para imaginar otros mundos: el desafío de alfabetizar

El programa Tarea de Todos de la Municipalidad de Pilar reúne a jóvenes universitarios que acompañan a niños durante sus primeros años de alfabetización. Solana Noceti, docente del programa, explica cómo la lectura, la escritura y el encuentro con los alfabetizadores pueden ampliar horizontes y construir nuevas posibilidades.

Por: Camila Gomez estudiante de 4° de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación

“La literatura, la posibilidad que da es adentrarse más profundamente en otra mirada, en otra forma, en otro mundo, en otro tiempo y eso es lo que abre, no solo conscientemente, sino inconscientemente a la identificación, por ejemplo, que uno lea sobre algo y uno se identifica con un personaje”, explica la licenciada el vehículo de la literatura para ampliar la mirada y otros mundos posibles. Un personaje puede mostrar una forma de vida desconocida.

Una historia puede permitir que alguien imagine algo diferente de aquello que encuentra todos los días a su alrededor. Para la especialista esa posibilidad constituye una de las dimensiones más profundas de aprender a leer y escribir.

Las imágenes vitales es una idea que Noceti recupera de la antropóloga Michèle Petit, quien estudió la relación con la lectura entre jóvenes atravesados por situaciones de desigualdad y contextos extremos. La literatura, explica la docente, permite construir otros escenarios posibles y ampliar las formas de interpretar la propia existencia.

La alfabetización no se limita, desde esta mirada, al reconocimiento de letras o a la formación de palabras. La lectura también acerca otras historias, pensamientos y maneras de comprender la vida. “Cuando aparecen otros objetos culturales, aparecen otras simbolizaciones, otros pensamientos, otras formas de entender la vida”, señala Noceti. Ese contacto permite que el lugar de origen no se transforme necesariamente en un límite para imaginar el futuro.

La literatura ocupa un lugar particular dentro de ese proceso porque obliga al lector a producir sus propias imágenes. Noceti utiliza una escena de la novela Mujercitas para explicarlo: las palabras describen personajes, una casa, un fuego o una Navidad, pero cada lector construye mentalmente una versión diferente de ese mundo. “Todas esas imágenes se producen subjetivamente”, explica. Para la docente, esa creación distingue la experiencia literaria de otras imágenes que ya llegan construidas al espectador.

Sin embargo, los libros constituyen solamente una parte del proceso. Tarea de Todos necesita que esas historias lleguen hasta los chicos y que alguien se siente junto a ellos para acompañar su aprendizaje. “El rol de los alfabetizadores es fundamental, es absolutamente fundamental”, sostiene Noceti. Los niños que participan del programa atraviesan sus primeros años de escolarización y necesitan un acompañamiento individual que permita reforzar aquello que las horas de escuela no siempre alcanzan a consolidar.

Los voluntarios tienen además una característica particular. Muchos son jóvenes de Pilar que estudian una carrera universitaria. Noceti considera que esa condición también puede funcionar como una referencia para los niños: delante de ellos aparece una persona que construye su propio proyecto alrededor del estudio y que, al mismo tiempo, dedica parte de su tiempo a acompañar a otros. 

Los alfabetizadores no transmiten solamente contenidos. Su presencia también puede expresar que aprender merece tiempo y esfuerzo. “Hay un momento en mi vida que todo eso se para, que voy a ese lugar, que estoy con los chicos”, ejemplifica Noceti. El compromiso del voluntario transmite un mensaje: que leer y escribir tiene importancia para el niño, para su familia y para la comunidad que acompaña ese proceso. 

Por ese motivo, la docente coloca algunas cualidades por encima de cualquier herramienta técnica. “Un enorme amor, compromiso y sentido de responsabilidad por esa tarea” constituyen, para ella, elementos fundamentales del alfabetizador. El adulto también enseña mediante la relación que construye con los libros. Cuando los niños observan que otra persona lee, escucha sus avances y valora la literatura, pueden comenzar a percibir el libro como un objeto al que vale la pena acercarse. Noceti describe ese proceso como una semilla capaz de permanecer durante toda la vida.

Tarea de Todos convierte así, la alfabetización en una experiencia compartida. Un voluntario acompaña a un niño para que pueda leer una palabra, comprender una historia y escribir. Pero alrededor de ese aprendizaje aparece también otra posibilidad: descubrir que existen otras historias y, con ellas, otras formas de imaginar la propia.