La Argentina que no nace

Cada vez menos argentinos tienen hijos. La natalidad cae aceleradamente mientras crecen los hogares unipersonales y la convivencia con mascotas.

Por: Fátima Molinari 
Un adulto viviendo solo con su perro. (Foto: JuliaRodriguez.psicología).

Hace una sola generación, tener hijos era algo casi obligatorio a la hora de hacerse adulto. Hoy eso ya no es tan así. En Argentina, cada vez nacen menos chicos y al mismo tiempo aumentan los hogares donde vive una sola persona, o donde en lugar de hijos hay una mascota. Lo que antes era raro como vivir solo, no tener hijos, elegir otra cosa, hoy empieza a ser bastante común.

En diez años, entre 2014 y 2024, la cantidad de nacimientos en el país se redujo casi a la mitad, y la tasa de natalidad bajó de 18,2 a menos de 9 nacimientos cada mil habitantes. El INDEC lo resume con un solo dato: hace treinta años, más de la mitad de las casas argentinas tenía chicos, hoy es al revés, la mayoría no tiene.

Ese lugar que dejan los hijos, en parte, lo ocupan las mascotas. Cada vez hay más gente que vive sola y más animales por hogar: en Buenos Aires ya hay más perros que chicos menores de catorce años, y casi ocho de cada diez argentinos convive con una mascota, a la que la mayoría considera directamente parte de la familia.

Igualmente, detrás de todo esto hay varias razones juntas, y ninguna alcanza por sí sola para explicarla. Una es la economía, pagar un alquiler, sostener una casa o afrontar los gastos de criar a un hijo se volvió más difícil y en muchos casos imposible y eso hace que tener hijos hoy sea una decisión que exige pensar en la plata como antes, para varios, no hacía falta. Otra es que los estudios y el trabajo corrieron la edad de tener el primer hijo cada vez más para adelante.

También bajó mucho el embarazo adolescente, sobre todo entre las madres con menos estudios, en gran parte gracias al acceso a la educación sexual y a los métodos anticonceptivos. Y por último está el cambio cultural, cada vez menos jóvenes sienten que tener hijos es una obligación, y cada vez más lo piensan como una opción entre otras, junto con viajar, vivir solos o enfocarse en la carrera o trabajo. Esto no pasa sólo acá, la natalidad baja en casi toda América Latina, aunque en Argentina la caída de esta última década fue una de las más fuertes de la región.

Como conclusión, lo que queda evidenciado no es solo una curva que baja en un gráfico del INDEC, sino una pregunta de fondo. ¿Qué tipo de sociedad se está construyendo cuando cada vez menos personas eligen, o pueden, tener hijos, y qué significa eso para el futuro del trabajo, de la jubilación y de los vínculos que van a sostener al país de acá a treinta años?