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En la película, los protagonistas se encuentran con Gargantua, un agujero negro supermasivo. Una de las características que más llama la atención es el anillo brillante que lo rodea. La gravedad del agujero negro curva la luz del material caliente que se encuentra a su alrededor.
Para crear a Gargantua, el equipo de Interestelar trabajó junto al físico Kip Thorne, especialista en relatividad y agujeros negros que además fue asesor científico y productor ejecutivo de la película. A través de cálculos y simulaciones, Thorne y el equipo pudieron mostrar cómo se comportaría la luz al pasar cerca de un agujero negro. Para eso crearon un programa nuevo, llamado DNGR (Double Negative Gravitational Renderer), que seguía el recorrido de millones de rayos de luz a través del espacio-tiempo deformado. Así, un fenómeno que normalmente solo podía imaginarse a partir de ecuaciones y modelos científicos llegó a la pantalla. En 2015, el equipo publicó un artículo en la revista Classical and Quantum Gravity donde cuenta que, con una cámara cerca de un agujero negro que gira rápido, aparecen más de una docena de imágenes de una misma estrella.
En 2019, el proyecto Event Horizon Telescope (EHT) obtuvo la primera imagen de la sombra de un agujero negro. Se trataba de M87*, ubicado en el centro de la galaxia M87, a unos 55 millones de años luz de la Tierra. Las observaciones se habían realizado en abril de 2017. La imagen mostró un anillo brillante alrededor de una región oscura, conocida como la “sombra” del agujero negro.
La similitud entre Gargantua y la imagen de M87* llamó especialmente la atención. Sin embargo, son imágenes de origen distinto. En Interestelar, la imagen fue creada a partir de modelos físicos y cálculos con la cámara simulada muy cerca del agujero negro; en 2019, el EHT presentó la primera imagen mediante una red de radiotelescopios. Los realizadores tomaron decisiones sobre el giro de Gargantua, los colores y el brillo para que el público entendiera lo que veía, según explica el artículo científico del equipo.
Los agujeros negros no fueron descubiertos por la película. Ya habían sido predichos por la física mucho antes del estreno de Interestelar. La teoría de la relatividad general de Albert Einstein, publicada en 1915, permitió explicar cómo la gravedad afecta el espacio y el tiempo. Décadas después, se realizaron observaciones sobre estos objetos. Entre ellas se encuentran los estudios de Reinhard Genzel y Andrea Ghez sobre el movimiento de estrellas alrededor de Sagittarius A*, el agujero negro supermasivo ubicado en el centro de nuestra galaxia. Por esos estudios, y por el trabajo teórico de Roger Penrose, que demostró que la relatividad general permite que se formen agujeros negros, los tres recibieron el Nobel de Física en 2020.