Así fue el festejo del Día de la Niñez en Santa Gema

En un barrio de bajos recursos de Rincón de Milberg, el Apoyo Escolar Santa Gema convocó cerca de cincuenta personas para celebrar el Día de la Niñez con kermesse, payasos y una merienda compartida.

Por: Victoria Georgalos
Oración de cierre del festejo.

El sábado 22 de agosto, en un barrio de Rincón de Milberg, el patio del Apoyo Escolar Santa Gema amaneció distinto. Desde temprano, las voluntarias empezaron a decorar todo con globos y guirnaldas de colores, tratando de que ese lugar que todos los sábados recibe a los chicos se transformara, aunque fuera por una tarde, en una verdadera fiesta. Lo lograron. Para el mediodía ya se sentía en el aire ese clima especial que tienen los días importantes.

El Apoyo está ubicado en el barrio Juan Pablo II. Este es un barrio realmente muy precario: las casas son de madera y no tienen cloacas, las personas se bañan con un balde de agua fría, y la calle principal está inundada la mayoría de los días. Un gran porcentaje de los niños abandona la escuela, y por esta razón no es poco común que una adolescente de quince años no entienda lo que lee y ya esté embarazada, producto de la falta de recursos y de oportunidades que atraviesa. Detrás de cada niño que forma parte del Apoyo hay una infinidad de historias y realidades duras y diferentes.

En este barrio, como en muchos otros, la pobreza material es alarmante, pero no es la única que invade los hogares. Hay otro tipo de escasez que interpela el corazón de casi todos los niños: falta el amor. Muchos de ellos no tienen esperanza. No saben que existe la posibilidad de un futuro diferente, uno mejor. Muchos no conciben que pueda existir una realidad donde no manden la violencia, la droga, la falta de límites y de contención emocional.

Ahí es donde trabaja el Apoyo Santa Gema desde hace diez años. Fue fundado por alumnas del colegio Michael Ham que decidieron poner el cuerpo por este barrio y que, con el tiempo, lograron construir algo que hoy sigue firme, sostienen semana a semana, acompañando a los chicos con la escuela pero también, construyendo algo que muchas veces hace falta tanto como la comida o el trabajo: un lugar donde sentirse cuidados. Este Apoyo es un lugar de encuentro sincero y profundo, dónde se comparte la vida y se aprende a caminar como hermanos.

El Apoyo funciona los sábados a la tarde, se encuentra abierto a todos los chicos del barrio, en tanto que los martes y jueves por la mañana brinda un taller maternal para los más chiquitos y sus mamás.

En un barrio donde la pobreza no es solo económica sino también de vínculos, de límites, de presencia adulta sostenida, festejar el Día de la Niñez tiene un peso distinto. Es una forma de decirles a los chicos que alguien los está esperando, que no están solos, que importan, que existe un lugar donde pueden simplemente ser niños y que vale la pena festejar su vida y su niñez.

El sábado del festejo llegaron cerca de cincuenta personas. Había una kermesse con distintos juegos, hubo bailes, y a media tarde llegaron los payasos de Payasoles, que se llevaron la atención con su espectáculo. Había comida para compartir y música que no paró en toda la tarde. Al final, cada chico se llevó un juguete de regalo, un gesto más entre tantos otros que hicieron de ese día uno inolvidable.

Ese encuentro no fue especial solamente para los chicos del barrio: para las alumnas y exalumnas del Michael Ham que organizan y sostienen este espacio, también fue un día profundamente movilizador. Ver el patio lleno, escuchar las risas y compartir la tarde con las familias con las que trabajan todo el año les recordó por qué eligen estar ahí cada semana. 

La tarde terminó en ronda, con una oración compartida. Después de tanto ruido, tanta música y tantas risas, ese momento de silencio y agradecimiento tuvo un sentido especial. Fue una forma de cerrar el día reconociendo lo que habían logrado entre todos: un espacio donde, por unas horas, lo que se destacó fue el encuentro, el juego y el amor.