Somos un poco de todas las personas que queremos

Una frase que repetimos, una receta que aprendimos, una manera de acompañar. En esos detalles cotidianos aparecen las huellas de quienes forman parte de nuestra vida.

Por: María del Pilar Sánchez Acosta estudiante de 4° de la Licenciatura en Relaciones Públicas
Tal vez algún día nos escuchemos repetir una frase y sonriamos al reconocer a quien nos la dejó. Vamos a seguir hablando con nuestra propia voz, pero en esas palabras también va a estar alguien que queremos. (Gentileza: Mi familia ❤️).

Un día nos escuchamos diciendo una frase de nuestra mamá, o haciendo un chiste que podría haber hecho un amigo. Preparamos algo como nos enseñaron en casa y, casi sin pensarlo, repetimos un gesto que vimos durante años. A veces alcanza con que alguien nos diga “sos igual a…” para reconocer de dónde viene una pequeña parte de nosotros.

Cuando intentamos explicar quiénes somos, solemos hablar de nuestros gustos, nuestras decisiones o nuestra personalidad. Pero también hay otras personas en esa respuesta. Algunas nos acompañaron desde chicos, otras llegaron después y nos mostraron maneras de vivir que no conocíamos. De esos encuentros nos quedan palabras, hábitos y formas de mirar. En una familia, esa herencia puede aparecer en cosas muy simples. Por ejemplo: cómo se recibe a alguien, qué se cocina cuando hay una celebración o qué se hace cuando uno de sus integrantes está pasando un mal momento. Quizás aprendimos a preguntar si el otro llegó bien, a preparar un plato de más o a sentarnos a escuchar aunque no sepamos qué decir. Gestos que alguna vez recibimos y que, con el tiempo, empezamos a ofrecer. A veces, años más tarde, cuesta recordar que eso que hoy sentimos tan propio tuvo su comienzo en otra persona.

No todas esas influencias son evidentes mientras el vínculo está presente. Compartir una rutina puede hacer que ciertos detalles pasen inadvertidos. Recién cuando alguien se muda, cambia de trabajo o deja de estar cerca, descubrimos cuánto había entrado en nuestra vida. Seguimos mandándole mentalmente una noticia, recordando qué pediría en un restaurante o anticipando el comentario que haría ante una situación. Reconocer esas huellas también implica elegir. Podemos conservar una costumbre familiar porque nos hace bien y revisar otra que no queremos repetir. Podemos admirar a alguien sin compartir todas sus decisiones.

Mientras incorporamos algo de los demás, también dejamos algo nuestro. Muchas veces no lo sabemos hasta que alguien nos cuenta que recuerda un consejo, que empezó a escuchar cierta música por nosotros o que todavía prepara una receta que le enseñamos. Lo que para uno fue un momento pequeño puede haber ocupado un lugar importante en la vida de otro.

Tal vez algún día nos escuchemos repetir una frase y sonriamos al reconocer a quien nos la dejó. Vamos a seguir hablando con nuestra propia voz, pero en esas palabras también va a estar alguien que queremos.