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—¿Que qué significa honrar la vida? Mirá, todo ser a nuestro alrededor es un prójimo. Pero cercano o lejano, cualquier ser es nuestro prójimo; no importa su sexo, ni edad, ni raza, bandera o religión; humano o no humano. El común denominador es la vida, que es una sola para compartirla, ahora, aquí en este punto de cruce espacio-tiempo que nos tocó. Honrar la vida es aceptar la libertad individual del otro ser a vivir su propia vida, respetando y haciendo respetar su integridad, su modo de pensar, sus ideas y creencias. ¿Me seguís?
—Sí, sí; tranqui te sigo.
—Bien. Te hablaba de la libertad. La libertad no es un don; ni es una gracia otorgada por alguien; es una condición natural inherente al ser, absolutamente necesaria para vivir la vida en plenitud. Todo comienza con nuestra propia libertad y responsabilidad para vivirla en sociedad, honrando la vida de quien sea.
—Sí abuelo, te entiendo, pero…decime entonces ¿por qué le echás veneno a las hormigas que van al rosal?

Es prácticamente imposible definir la vida.
Tanto más lo es, el porqué, continuamos eligiéndola. Hay ciertas premisas que nos ayudan a producir las ideas que aparecen frente a este interrogante. La respuesta obvia refiere a los momentos felices, a los éxitos, a los enormes placeres y alegrías que puede proporcionar. Y ellos son de todo órden: económicos, sociales,íntimos, sensuales, espirituales, virtuosos, de la salud perenne, amistades eternas, etc.
Seguramente no querríamos quebrantos, Estados del planeta guerreando,penurias, miserias, adicciones mortales, delirios secuenciales, pérdidas de la razón, de la visión, de la movilidad, de nuestros seres queridos, caminos delicuenciales y homicidas…
¿Sería tan fácil; sería elegir entre bueno y malo? ¿Así de sencillo? Pienso que una posible ayuda, tal vez no la única, sería poner el interrogante en colores. Ni blanco ni negro. Diría que el gris, la media, el equilibrio, ni el más ni el menos podría ser el principio de elección.
Y claro, estoy refiriéndome a la vida humana. Me olvido del nacimiento, la infancia, la adolescencia, y presuntamente la madurez. Única etapa que con las experiencias acumuladas, transcurridas, nos haría poder elegir bien.
Luego de escuchar la canción “Honrar la vida” escriban un texto a partir de esta pregunta: ¿Qué significa para vos Honrar la vida?
Pensá:
¿Qué momento de tu vida sentís que te marco para siempre?
¿Qué experiencia te enseño algo importante?
¿Qué aprendiste con el paso de los años?
¿Qué significa para vos seguir eligiendo la vida?
No tengo claro que es honrar la vida… San Agustín y el tiempo… cuando lo pienso sé lo que es, pero cuando me lo preguntan, no sé explicarlo… y solo ensayo una respuesta a la última pregunta: Alegría mezclada con vergüenza…
Una noche de verano volvíamos a Bs As con mi padre y mi novia. Manejaba mi padre, mi novia en el asiento trasero y yo en el del acompañante… Volcamos y salimos despedidos mi padre y yo. Quedamos a varios metros del coche…mi novia, ilesa, dentro del auto. Salió despavorida a auxiliarnos a los dos.
Yo estaba tendido de espaldas, en medio del pasto y la oscuridad. No sentía dolor, pero tampoco a mis piernas, que no respondían a ninguna orden… en segundos eternos concluí que había quedado parapléjico. Y surgió el horror y al rato la vergüenza.
La vi a mi novia al lado mío, intacta, me alivió, pero me ahogaba el terror de la discapacidad eterna…Vergüenza porque mi primer pensamiento fue sobre mí, todo lo demás había quedado en segundo plano… Para mí solo estaba yo…y la conciencia ambigua del desgarro del primer momento y luego el alivio de -Pero no estoy muerto- Vivo- y con decepción comprendí que era “un yo adaptativo”.
Claramente supe que podría adaptarme a lo que me presentara la vida. Y así fue…tuve cambios radicales en mi vida y siempre conseguí adaptarme a ellos. En el momento de esa certeza, después de largos instantes, me sentí un “gusano miserable” … me avergonzaba el aceptar cualquier limitación con tal de seguir viviendo.
Después de un tiempo que me resulto interminable pararon varios autos y nos auxiliaron… vino la ambulancia y nos trasladaron a una clínica de la ciudad de 9 de julio, donde el diagnostico fue fractura de vertebras cervicales para mi padre y lumbares para mí. Días después nos trasladaron a Bs As y terminamos con sendos yesos ambos durante 6 meses, sin consecuencias físicas graves por el resto de la vida. Las “marcas” fueron psicológicas…imborrables…aún hoy perduran… y sé que antepongo “la vida” por sobre cualquier otro valor.