Fútbol femenino: cómo creció y qué desafíos todavía enfrenta

Con mayor visibilidad, nuevas generaciones de jugadoras y avances en la profesionalización, el fútbol femenino atraviesa un crecimiento significativo. Sin embargo, todavía existen diferencias y obstáculos por superar. ¿Qué falta para alcanzar una mayor igualdad dentro del deporte?

Por: María Victoria Geliot estudiante de 4° de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación
Foto: Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Durante muchos años, jugar al fútbol fue una actividad asociada principalmente a los hombres. Sin embargo, cada vez son más las mujeres que se animan a ocupar las canchas, formar parte de clubes y convertir este deporte en una posibilidad profesional. El crecimiento del fútbol femenino se refleja no solo en la cantidad de jugadoras, sino también en su presencia en los medios, las competencias y el interés del público.

En Argentina, uno de los momentos más importantes ocurrió en 2019, cuando la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) anunció la profesionalización de la Primera División femenina. La medida representó un paso fundamental para comenzar a reconocer el fútbol como un trabajo para las jugadoras y mejorar las condiciones en las que desarrollaban su actividad. A partir de ese momento, también comenzaron a impulsarse categorías juveniles y proyectos destinados a ampliar la participación de mujeres dentro del deporte.

Para muchas jugadoras, este crecimiento también significó encontrar oportunidades que años atrás parecían mucho más lejanas. Cada vez más chicas comienzan a jugar desde edades tempranas, participan en clubes y cuentan con referentes femeninas a quienes seguir.

La visibilidad también ocupa un lugar fundamental. La transmisión de partidos, la presencia de las futbolistas en redes sociales y la cobertura de grandes competencias permitieron que nuevos públicos comenzarán a acercarse a la disciplina. Al mismo tiempo, el crecimiento de las selecciones nacionales y de los torneos internacionales contribuyó a demostrar que existe un público interesado en consumir y acompañar el fútbol femenino.

Sin embargo, la profesionalización no significó que desaparecieran las diferencias. Aunque se avanzó en el reconocimiento de las futbolistas como trabajadoras, todavía existen jugadoras que deben combinar los entrenamientos y las competencias con estudios u otros empleos. Las diferencias económicas, de infraestructura y de recursos entre clubes continúan siendo algunos de los principales desafíos para el desarrollo de la disciplina.

A esto se suma una desigualdad que comienza mucho antes de llegar a Primera División. Durante años, muchas chicas tuvieron menos espacios para iniciarse en el fútbol, mientras que para los varones existen categorías infantiles y juveniles consolidadas desde hace décadas.

Otro de los desafíos se encuentra fuera de la cancha. Los prejuicios relacionados con las mujeres y el fútbol todavía forman parte de la experiencia de muchas jugadoras. Comentarios sobre sus capacidades, cuestionamientos acerca de si el fútbol es un deporte “para mujeres” o comparaciones constantes con el masculino muestran que el crecimiento deportivo también necesita estar acompañado por un cambio cultural.

A pesar de estas dificultades, el avance de los últimos años abrió nuevas posibilidades. La creación de competencias federales, el desarrollo de categorías juveniles y las inversiones en infraestructura muestran un escenario diferente al de décadas anteriores. En 2026, incluso, la AFA avanzó con un proyecto para desarrollar un centro técnico destinado específicamente a las selecciones nacionales femeninas, con espacios pensados para el entrenamiento y el alto rendimiento.

Las nuevas generaciones ya no encuentran exactamente el mismo escenario que aquellas mujeres que comenzaron a jugar cuando prácticamente no existían espacios para hacerlo. Hoy hay más oportunidades, más referentes y mayor reconocimiento, aunque todavía queda camino por recorrer.

En definitiva, el crecimiento del fútbol femenino demuestra que el acceso de las mujeres a este deporte se encuentra en plena transformación. La profesionalización, la mayor visibilidad y el desarrollo de nuevas generaciones marcaron avances importantes, pero las diferencias económicas, la infraestructura, las oportunidades de formación y los prejuicios todavía representan desafíos.

El próximo paso no será solamente conseguir que más mujeres jueguen al fútbol, sino lograr que puedan hacerlo con las condiciones, los recursos y el reconocimiento necesarios para desarrollarse plenamente.