El mapa de los libros también se construye en Zapala

Una iniciativa comunitaria neuquina lleva ejemplares a distintos puntos de la ciudad y permite que los vecinos los retiren sin costo ni un plazo fijo de devolución. Desde su creación en 2025, ya sumó tres casitas.

Por: Jimena Rocío Lucero estudiante de 3° de la Licenciatura en Periodismo
Dalila Mendoza y Gabriela Mesa, referentes de Casita de Libros. Somos lo que leemos, junto a integrantes de la comunidad educativa durante una de las actividades del proyecto en Zapala. (Cortesía: Dalila Mendoza).

“Casita de Libros. Somos lo que leemos” acerca libros a vecinos de Zapala, en la provincia de Neuquén, a través de pequeñas bibliotecas de acceso gratuito. La iniciativa comenzó entre Dalila Mendoza y Gabriela Mesa, ambas docentes de nivel inicial y tuvo su primera experiencia el 17 de junio de 2025, cuando una de las casitas llegó a la Biblioteca Popular Elordi. 

El espacio permitió que la primera casita permaneciera allí durante casi cuatro meses, hasta la Feria del Libro local. “Ese día fue una puerta a todo lo que vino después”, recuerda Dalila. A partir de aquella experiencia surgieron vínculos con escuelas, ferias y otros espacios de la ciudad. Lo que comenzó con una casita hoy cuenta con tres.

Libros sin precio ni apuro

“Casita de libros. Somos lo que leemos” funciona a partir del préstamo y el intercambio gratuito. Cada persona puede acercarse, elegir un ejemplar, llevárselo y tomarse el tiempo necesario para terminarlo. También puede dejar libros para que otros lectores los encuentren.

Daniela Reguileo se incorporó al proyecto durante el verano de 2026. Al conocer la iniciativa, uno de los aspectos que más le llamó la atención fue la libertad que ofrece a quienes se acercan. “Me llamó mucho la atención la idea de prestar libros sin límites: que no haya un costo ni un tiempo determinado para devolverlos y que cada persona pueda leerlos tranquila”, cuenta.

Las casitas reúnen ejemplares para distintos públicos: literatura, materiales de estudio, revistas y libros de autores locales. Muchos llegan a través de donaciones de familias, docentes y vecinos de Zapala. Antes de incorporarlos, las referentes revisan los materiales y organizan su distribución.

El proyecto se sostiene de manera autogestionada. Cada integrante aporta parte de su tiempo para ordenar los libros, preparar materiales, mantener las casitas y participar de actividades. En el caso de la itinerante, las referentes procuran acercarse dos veces por semana para explicar su funcionamiento y conversar con quienes la visitan. También presentaron notas ante autoridades de la Municipalidad con el objetivo de conseguir respaldo para fabricar nuevas casitas y contar con los insumos necesarios.

Los lectores que aparecen en el camino

A medida que el proyecto creció, también aparecieron historias que las propias referentes no esperaban. En una de las casitas fijas, ubicada en la Feria Agroartesanal Trabum Ruka, una colección de revistas Selecciones encontró a un lector habitual. Una donación había reunido numerosos ejemplares antiguos, en buen estado, que fueron colocados en la casita. 

Un hombre se acercó a mirar las revistas y contó que las había leído durante años. Después preguntó si podía llevarse algunas. Desde ese momento, comenzó a visitar la casita casi todos los sábados: se llevaba cinco o seis ejemplares, los leía durante la semana y regresaba para cambiarlos. La escena llamó la atención de las integrantes porque mostró otra forma de acercamiento a la lectura. “Me enseñó que no son solo los libros, también la gente que busca otras cosas”, explica Dalila. 

En la Escuela 99, donde funciona otra de las casitas, Silvia Inés Román tiene un contacto más cercano con los lectores infantiles. Una de las escenas que recuerda ocurrió cuando un niño salió de la sala llorando porque quería quedarse con el libro que circulaba entre sus compañeros. Lo llevaron nuevamente al aula, pero continuó reclamándolo. Silvia le explicó a su madre que podían acercarse a la casita: podía elegir otro libro, llevárselo y cambiarlo cuando quisiera. 

Una de las casitas de libros instalada en uno de los puntos de Zapala, donde las personas pueden acercarse, elegir ejemplares y disfrutar de la lectura. (Cortesía: Dalila Mendoza).
Cuando los libros también cuentan quiénes escriben en Zapala

Las casitas también acercan a los vecinos a escritores de Zapala y de la región. Una de las experiencias que recuerdan es la de Ana Paula Inostroza, una joven de 14 años y exalumna de la Escuela 99. A partir del vínculo generado en ese espacio, las referentes conocieron su historia y acompañaron la presentación de su primer libro, titulado “Quedarse, cuando irse parecía más fácil”. 

Para Dalila, encontrar esa obra permite conocer parte de la producción cultural de Zapala. “Me gusta mucho leer de autores locales. Cuando llego a una ciudad, conocer autores locales me parece súper lindo para quienes nos gusta leer y también para quienes escriben, como tener ese espacio donde podés estar más en contacto directo con la gente”, señala. 

Entre los materiales que reciben también aparecen libros destinados a estudiantes terciarios y universitarios. Las referentes cuentan que algunos jóvenes se acercan en busca de ejemplares para estudiar, ante el costo que tienen los libros nuevos. También reciben materiales de familias, docentes y asociaciones, por lo que las donaciones permiten ampliar la variedad de ejemplares disponibles en cada casita. 

Ana Paula Inostroza presentó su primer libro, “Quedarse, cuando irse parecía más fácil”, el 16 de mayo de 2026, en el SUM de la Escuela 99 de Zapala. Su obra también llegó a Casita de Libros. (Cortesía: FM Urbana).
Libros en espacios cotidianos

La ubicación de las casitas en espacios cotidianos marca una diferencia con el funcionamiento de una biblioteca tradicional. La persona puede encontrarse con los libros mientras asiste a una feria, acompaña a un familiar a la escuela o recorre otro espacio público. “La casita sale con los libros y los pone en espacios cotidianos. No tiene tanta estructura. Es más libre”, explica Dalila. 

Los vecinos también participan mediante donaciones e intercambios. Por eso, el contenido de cada casita depende de los libros que reciben y de los ejemplares que vuelven a circular. Las revistas Selecciones, los libros infantiles y los ejemplares destinados a estudiantes muestran esa variedad de materiales y de lectores. 

El sueño de sumar más casitas

Después de un año de trabajo, las referentes comparten un objetivo: llevar el proyecto a más lugares de Zapala. “Muchas casitas. Muchas casitas por todos lados”, resume Daniela. La idea apunta a instalar nuevos espacios de lectura en lugares públicos como plazas y espacios verdes. Durante el verano, cuando el clima permite aprovechar más las actividades al aire libre, imaginan casitas donde los vecinos puedan acercarse y elegir un libro. 

Para Daniela, el crecimiento del proyecto también implica que cada nueva casita pueda integrarse a la comunidad y quedar a disposición de quienes viven en ese lugar. La intención es que los vecinos tengan acceso a los libros y puedan participar del intercambio a través de sus propias donaciones. “Si bien nosotros estamos organizando las actividades, organizamos los libros y demás, la casita es un bien común, un bien público para toda la sociedad”, sostiene. 

Desde aquella primera casita que llegó a la Biblioteca Popular Elordi el 17 de junio de 2025, el proyecto “Casita Literaria. Somos lo que leemos” pasó a contar con tres espacios de lectura. El objetivo ahora es sumar nuevas casitas y ampliar el acceso gratuito a los libros en distintos puntos de Zapala. 

Para conocer más sobre este proyecto: @casitadelibros2025 (Instagram).