Después del Mundial: ¿qué queda cuando termina la pasión?

Después de un mes de partidos, emociones y encuentros, el Mundial llega a su fin y la vida cotidiana vuelve a ocupar su lugar. Pero para muchos argentinos, queda una sensación difícil de explicar: el vacío de perder ese espacio que, durante unas semanas, logró unir a millones detrás de una misma pasión.

Por: Josefina Fernández de Guzmán estudiante de 3° de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación
Equipo argentino.

En las calles aparecieron banderas, camisetas y canciones, mientras millones de personas compartían una misma expectativa. Pero después de la final llega una pregunta que pocas veces ocupa el centro de la escena: ¿qué queda cuando termina el Mundial? La derrota frente a España en la final del Mundial 2026 marcó el cierre de una experiencia que, para muchos argentinos, fue mucho más que fútbol. Durante varias semanas, la Selección funcionó como un punto de encuentro entre personas diferentes que encontraron en el equipo nacional una forma de identificarse y sentirse parte de algo colectivo. El fútbol tiene una capacidad particular para construir pertenencia. Durante un partido, las diferencias parecen quedar en segundo plano: no importa demasiado la edad, el trabajo o la situación económica. Todos pueden estar mirando lo mismo, esperando el mismo gol y celebrando juntos. Como explica un análisis de UBA Ciencia, el Mundial puede generar una forma de identificación colectiva en la que millones de personas construyen un sentimiento de pertenencia alrededor de la Selección.

Por eso, cuando termina, no desaparece solamente un torneo. También se termina una rutina. Ya no está el próximo partido que esperar, la reunión que organizar ni la conversación del día siguiente. Para algunas personas, esa transición puede generar una sensación de tristeza o vacío. Una publicación de la Facultad de Psicología de la UNAM sobre el impacto emocional de los resultados deportivos señala que las reacciones intensas ante una derrota pueden estar vinculadas con la identidad y la pertenencia. También advierte que experimentar tristeza o enojo después de una derrota puede ser normal, aunque si esos malestares se prolongan durante semanas o derivan en conductas agresivas, pueden indicar problemas que exceden al ámbito deportivo. “Durante el Mundial estaba todo el tiempo pendiente de cuándo jugaba Argentina. Después de la final sentí raro volver a la rutina, como si de golpe faltara algo”, podría resumir el sentimiento de muchos hinchas.

Esta reacción no resulta extraña. Una investigación publicada en Frontiers in Psychology sobre los efectos de los resultados del fútbol en el bienestar subjetivo encontró que los partidos pueden producir cambios emocionales significativos en los espectadores, especialmente en quienes tienen una fuerte identificación con su selección. Pero quizás lo más importante no sea la tristeza por haber perdido una final, sino lo que queda de esa experiencia compartida. El Mundial permite que un desconocido pueda abrazar a otro en la calle después de un gol o que personas que nunca se vieron antes compartan durante noventa minutos la misma emoción. La Selección se convierte, así, en un símbolo capaz de construir un “nosotros”.

Cuando las banderas empiezan a guardarse y la camiseta vuelve al placard, esa sensación de unidad también se diluye. Sin embargo, quedan los recuerdos: las reuniones familiares, los partidos vistos con amigos, los festejos y hasta las discusiones. Queda, sobre todo, la sensación de haber formado parte de algo que millones de argentinos vivieron al mismo tiempo.

El Mundial termina, pero la necesidad de pertenecer permanece. Quizás por eso el vacío posterior no tenga que ver únicamente con dejar de mirar fútbol, sino con perder temporalmente ese espacio en el que tantas personas encontraron una identidad común.

La pasión vuelve a los clubes y la vida cotidiana recupera su ritmo. Pero durante algunas semanas quedó demostrado que una pelota puede hacer mucho más que definir un resultado: puede hacer que un país entero se sienta parte de la misma historia.