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Uno de los ámbitos más afectados es la educación. Las niñas pueden asistir a la escuela únicamente hasta sexto grado, mientras que las mujeres tienen prohibido acceder a las universidades desde diciembre de 2022. Según UNICEF, en 2026 más de 2,6 millones de niñas afganas se encuentran privadas de la educación secundaria. Afganistán es actualmente el único país del mundo donde las niñas y mujeres no pueden acceder a la educación secundaria y superior.
Esto repercute en la salud. Las mujeres pueden necesitar ser atendidas por profesionales de su mismo sexo, pero las jóvenes no pueden cursar la formación universitaria que las convertiría en médicas. Sin nuevas egresadas, no hay quien reemplace a las que ya ejercen.
El trabajo y la libertad de movimiento también están fuertemente condicionados. Las autoridades restringieron las actividades laborales de las mujeres y su presencia en distintos espacios públicos. Desde diciembre de 2021, además, toda mujer que quiera hacer un viaje de más de 72 kilómetros debe ir acompañada por un mahram, es decir, un familiar varón cercano. Según testimonios recogidos por la agencia AFP, viajar sin él puede terminar en una detención, y los controles son especialmente estrictos en los puestos de verificación. La restricción alcanza incluso a las Naciones Unidas: desde septiembre de 2025 que las mujeres afganas tienen prohibido el ingreso a las instalaciones del organismo en el país, según informó el portavoz del Secretario General.
Las consecuencias son económicas y sociales. Con menos posibilidades de estudiar y trabajar, las mujeres tienen menos oportunidades de desarrollar una profesión, generar ingresos y participar en las decisiones de sus comunidades. ONU Mujeres señaló que casi 8 de cada 10 jóvenes afganas de entre 18 y 29 años no estudia, no trabaja ni recibe capacitación. Dependen cada vez más de los hombres y tienen menos margen para decidir sobre su propia vida.
En septiembre de 2024, las Naciones Unidas convocaron a los líderes mundiales a una reunión para abordar la situación de las mujeres y niñas afganas bajo el régimen talibán. Entre los convocados estuvo la actriz Meryl Streep, quien describió el panorama con una comparación: hoy, en Kabul, una ardilla tiene más libertades que una niña, ya que puede entrar a un parque, mientras que los talibanes han prohibido el acceso de mujeres y niñas a estos espacios públicos. También señaló que un pájaro puede cantar en Kabul. Sin embargo, una mujer no puede hacerlo en público.
“Esto es la supresión de la ley natural”, concluyó Streep.